jueves, 13 de junio de 2013

En busca del precio perdido

Hoy fui al supermercado.
Compré un líquido para pisos, que tenía un precio, y en casa, me di cuenta, que no era así, estaba más caro.

Al supermercado que fui, en general, no suelen tener mal etiquetados los precios. Pero, ¿quién no se pasó un buen rato intentando encontrar el precio perdido? ¿Quién no se dio por vencido y lo metió en el carrito igual, con intención de preguntar en la línea de cajas, y olvidarse después... y pagarlo sin saber?
En el mercado del barrio, algo que no tiene el precio pegado (al menos, en el mercado de mi barrio, todavía le ponen precio a cada cosa, con la esa pistola de etiquetitas), o en el supermercado, donde en sus hermosas y prolijas líneas de productos, el precio quizás aparece en otro estante, o al final de la góndola.

O está el precio por un envase que no es el que tenemos en la mano, a veces uno quiere comparar, y está el precio del envase chico pero no del envase grande.
O algunas ofertas, que el cartel está corrido, y uno compra lo que no era.  
 
Para verificar que el precio que vimos es el correcto, tenemos que mirar los números del código de barras del producto y los impresos en la etiqueta de la góndola. Si es el mismo código, ese es el precio.

En Argentina se puede hacer la denuncia en defensa al consumidor, lo que se hace es llamar (o lo que corresponda) y avisar que determinado lugar no cumple con la obligación de tener los precios a la vista, o que los precios están desactualizados, o puestos de manera confusa.
Algo que también es ley, es que además del precio, debe figurar el precio por unidad, o por kilo o por metro, según el producto que corresponda. Lamentablemente, los supermercados han encontrado la manera de confundirnos: Hablando del mismo producto, por ejemplo, el papel higiénico, que no sólo hay muchas marcas, sino que hay cientos de presentaciones distintas, un producto dice el precio por unidad, el otro por metro, el otro cada 100 metros... que para el caso es lo mismo que nada. Esta normativa se aplicó para que podamos comparar de manera sencilla, pero a veces es casi imposible.
Hay que armarse de paciencia, llevar una calculadora o el teléfono, y empezar a revisar los precios por unidad o por metro, para comparar números reales.
Las primeras veces es largo. Pero con el tiempo, uno se agiliza, aprende a ver qué etiquetas del precio están bien (todas parejas por unidad o lo que corresponda) y con cuales tiene que hacer las cuentas.
Con el mismo papel higiénico, una vez me pasó que igual cantidad de metros, igual calidad, misma marca, pero en distinta presentación, el que traía más rollos era más caro, era más barato llevar dos paquetes de la presentación chica.
A veces, por la costumbre, uno no repara en estas cosas, pero al empezar a contar unos pesos de cada lado, termina haciendo una diferencia.

(Acá está el enlace para saber derechos del consumidor, es una guía muy linda y útil, altamente recomendable)


¿Se animan a buscar el precio perdido? 

Nadia.

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