El día del niño viene acechando.
Todos sabemos lo que eso significa: gastar, gastar y gastar.
Los niños son los que rigen la economía hogareña, aunque suene raro. Las propagandas (incluso de productos que los niños no utilizan) están pensadas para ellos. Se hizo un estudio hace unos cuantos años atrás, y cuando lo escuché, me pareció de los más tonto, pero empecé a prestar atención: Todas las propagandas, o la gran mayoría, están dirigidas a los menores de la casa.
Los colores de los productos, elegidos para niños. Colores vibrantes, llamativos. Todas las góndolas del supermercado son atractivas, es una aventura encontrar un solo color opaco. En los envases hay muñequitos, cachorritos, sonrisas...
Si vamos al supermercado con nuestros hijos, al menos, el 50% de los productos son elegidos por ellos.
Ven un producto y van cantando la canción de la propaganda. O te cuentan todas las maravillas de ese producto, y rematan con "Eso es lo que dice la propaganda".
Yo llevo una ardua lucha con el mío para explicarle que en las propagandas se puede exagerar, dar ideas equivocadas, que no necesariamente es cierto todo lo que te dicen.
Los chicos quieren el juguete más promocionado. Y nosotros, grandotes, con algunas nostalgias a cuestas, lo que más queremos es hacerlos felices, ¿quién no hizo el esfuerzo de gastar de más para un regalo, y después ni siquiera lo miraron?
Frustrante es poco.
Lo importante, es recordar esa sensación y actuar mejor la siguiente vez.
Algo que se acostumbraba en mi familia, era hacernos ver el juguete por adelantado, en la juguetería. Cada vez que nos encaprichábamos con un juego de esos que la propaganda sale 30 veces por día en nuestro televisor, y que por supuesto, era carísimo, íbamos de paseo a la juguetería.
Mi mamá nos llevaba a ver el juguete con nuestros propios ojos. Le pedía al empleado que abriera la caja, que pudiéramos verlo completito. Nuestra desilusión era terrible, siempre eran muy chiquitos, no tan brillantes, ni felices.
Lo bueno, aprendimos desde chicos que las propagandas no están obligadas a decir la verdad y cualquier desilusión venía antes del gasto. Aprendimos a pedir cosas con mejores criterios.
Es importante enseñarle a nuestros hijos la importancia de no gastar porque sí. Que no somos máquinas de generar dinero, y que ningún objeto va a llenar ningún vacío.
Lo que más quieren los chicos, es compartir con los padres. El resto, no es tan importante.
Si los agarramos desde muy chicos, es más factible que después, de más grandes, quieran pasar tiempo con nosotros.
Hace no mucho tiempo, en el diario, salió un artículo que decía que las madres/ padres, le dedicaban un 10% de su tiempo a sus hijos... eso es muy poco. Uno en seguida se siente tentado de decir: el 10% de 24 horas son casi dos horas y media! Pero el tiempo real es mucho menos... si a esas 24 horas le descontamos todo el tiempo que uno está trabajando, afuera de la casa, haciendo otras cosas... lo que se les dedica es realmente poco.
Hace unos años atrás, una tarde espantosa de lluvia y aburrimiento, nos pusimos con mi nene a armar autitos con cajas. El los pintó del lado de afuera, con escarbadientes les pusimos ruedas. No eran la gran cosa (eso queda claro en las fotos), pero los llevó a todos lados hasta que se deshicieron.
Teniendo otros juguetes y autitos "en serio", prefería los que habíamos construido.
Además, si consideramos la vida útil que suelen tener los juguetes en mano de los chicos, el hecho que no sean caros, es mejor...
Siendo sinceros, uno de los mejores regalos para un chico, es una gran caja vacía. La pintan, la recortan, hacen un millón de cosas ahí adentro. Es regalarles un mundo.
Y lo más lindo, lo mejor, es crear el mundo juntos.
¿Se animan a crear un mundo con sus hijos?
Yo tengo fotos de varios juguetes que hicimos juntos, y puedo ir subiendo el paso a paso.
Antes de eso, algunos detalles a tener en cuenta, para evitar frustraciones:
1- A los chicos no les gusta que los obliguen a hacer nada. Son como la fauna silvestre, hay que dejar que se acerquen, no hacer movimientos bruscos.
¿Cómo hago con mi chiquito? Fácil, no le digo nada, ni "me ayudás", ni "vamos a hacer", ninguna de esas frases. Lo que hago es ir preparando lentamente todo, bien a la vista, desplegando el papel de diario para proteger la mesa, los materiales, y de a poco, empiezo a hacer. Si para este entonces él no dijo ya "Mami, yo también quiero" o "¿Te puedo ayudar?" o algo así, le pido que me haga el favor de alcanzarme algo. De esa manera, va a ver que algo interesante está sucediendo, y se va a quedar a ver en dónde puede meter mano.
2- Los chicos deciden cuándo empiezan y cuándo terminan lo que están haciendo. Al principio quizás sólo participan un ratito, pero con la costumbre de hacer, cada vez se van a quedar más tiempo al lado nuestro. Al principio pueden hacerse cosas sencillas, o ya tener armado gran parte, así logran completar la tarea y se enganchan mejor la próxima.
3- Es importante jugar con los colores, con las formas, las texturas, no hacer siempre lo mismo, que cada proyecto sea un nuevo proyecto, sino el interés decae.
4- Ya que nos vamos a tomar tanto trabajo, busquemos hacer juegos y juguetes que estimulen su desarrollo, cada etapa tiene lo suyo (esto también podemos ir viéndolo)
Entonces... ¿se animan?
Rompecabezas para chicos
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