Después de una larga ausencia, causada por el cuatrimestre de la universidad, vuelvo y retomo estas páginas virtuales.
Y siendo el último día del año, les traigo una de mis recetas preferidas. Empecé a hacer esta torta a los 10-12 años, más o menos, y sigue siendo una de mis favoritas.
Es de esas recetas que es apta todo público, muy simple, a prueba de todo y el que no lleve esta receta al éxito, que abandone la cocina y nunca más vuelva a pisar una...
Es una receta por demás barata, sale esponjosa y rica, es muy fácil de hacer, es una excelente primera receta para que los niños empiecen a cocinar (y se den cuenta del tiempo, el esfuerzo, y el amor que se pone en la preparación de los alimentos, sin contar el orgullo de realizar algo rico).
Ingredientes secos:
2 tazas de Harina leudante (que puede ser reemplazada por harina común + 2 cucharadas de polvo para hornear)
1 taza de azúcar (yo suelo agregar 2/3 de taza, incluso 1/2 taza, no me gusta que sea demasiado dulce; en todo caso, la primera vez se puede usar una taza, y después ver qué gusta más)
Si se quiere hacer la torta de chocolate, agregar 6 cucharadas de cacao.
Conviene tamizar los ingredientes para evitar grumos, si no se tiene tamiz, no importa, habrá que batir con más ganas al final.
Mezclar todo y hacer un hueco en el medio para poner los ingredientes húmedos.
Ingredientes húmedos:
1 taza de leche (también puede ser agua, soda, o agua + 3 cucharadas de leche en polvo, o jugo de naranja natural, si se quiere que sea torta de naranja)
1 huevo grande (o 2 huevos chicos)
1 cucharadita de esencia de vainilla, o ralladura de limón o de naranja (opcionales)
6 cucharadas de aceite
Todos los ingredientes húmedos se ponen en el hueco, y se mezcla todo junto hasta que quede una mezcla espesa (pero no muy espesa, tiene que fluir).
Se enmanteca (o enaceita que es la opción que uso yo) y se enharina un molde. Se pone la mezcla y se lleva a horno precalentado y a fuego moderado por unos 45 minutos. Se siente el olor rico en el aire a los 35-40 minutos...
Cosas a tener en cuenta:
Si se quieren agregar frutos secos, fruta abrillantada, pasas de uva, chips de chocolate, hay que hacerlo al final, una vez que está todo bien mezclado y sin grumos.
Yo suelo enaceitar y enharinar el molde antes de empezar con la mezcla, porque si queda harina suelta, la echo en la mezcla.
Si se decide hacer esto después de preparar la mezcla, no hay problema. El polvo leudante no actúa como una levadura, como muchos creen, sino con acción del calor.
Esta torta admite las mil variantes, incluso llegué a preparar una torta salada de queso con esta base.
La imaginación es el límite.
Si les gusta esta receta, si la prueban y les sale rica, espero fotos. Y si hacen una variante nueva, espero la receta junto con la foto, para subirlas y compartir las ideas.
Una actividad barata y divertida es hacer rompecabezas con palitos de helado.
Hay varias opciones, dependiendo del tiempo que se tenga y la finalidad que se busque.
Estos rompecabezas los hice para regalarle a mi nene.
Materiales: palitos de helado (con 10 por rompecabeza está bien), pintura blanca (al agua, puede ser acrílico, látex o incluso témpera), diseño en papel de calcar, fibra indeleble negra y lápices de colores.
Lo primero que hice fue pintar todos los palitos de blanco, para tener una base pareja, pero tranquilamente puede omitirse, y trabajar con el color de la madera.
Después, acomodé los 10 palitos sobre una mesa y los puse en fila, a todos bien juntos y parejos, y los sujeté con un pedazo de cinta de papel (cinta de pintor). Calqué el dibujo con lápiz negro, después remarqué con fibra indeleble negra. Con los lápices de colores coloreé los dibujos. Barnizar si se quiere. Como hice varios rompecabezas a la vez, tuve el cuidado de numerar los rompecabezas del lado de atrás (usé puntos como en los dados).
Con estos hice un regalo, pero tranquilamente lo pueden hacer los chicos, sólo hay que decirles que hagan dibujos sencillos. O darles el motivo ya calcado y remarcado con la fibra, y que ellos pinten.
Y ante la duda, consulten a sus hijos, ellos saben lo que les gustaría hacer. Nadia.
Como antes dije, el secreto de una cocina económica, es aprovechar todo. Hasta los huesos.
Cerca de casa consigo los huesitos de cerdo muy baratos ($5 o 6), y tienen bastante carne, aunque no es de fácil acceso.
Esto que hago, se puede hacer con espinazo tranquilamente, o con los huesitos que sobran de un asado (¿nunca vieron cómo quedan llenos de carne, pegada al hueso y van a la basura?) y pueden reutilizarse en una nueva cocción. El guiso de huesitos siempre fue uno de mis preferidos. Las carnes pegadas al hueso son las que tienen mejor sabor, suelen tener menos grasa, son más blandas también.
Si tengo los huesitos crudos, lo que hago, antes que nada, es meterlos al horno. El calor nos da sabor y desgrasa también. Ubico los huesos (sin encimarse) en la bandeja, y por encima le agrego un preparado: en una taza, pongo sal fina, especias a gusto, y lleno la taza, mitad con agua (puede ser jugo de limón) y mitad con aceite. Si queremos que desgrasen lo más posible, sólo agregar el agua, no el aceite.
En el horno, los huesitos van a tomar un sabor y un color maravilloso.
Al estar cocidos, preparar un guiso nos toma sólo un rato. Se lo prepara de la misma manera que siempre, y los huesitos se incorporan apenas antes del líquido (para que no nos rebalse la cacerola) y dejamos que se cocine todo junto. En una hora más o menos de hervor, la carne se separa de los huesitos, y queda un caldo riquísimo y gordo.
Básicamente, la idea es engañar a los carnívoros de la casa para que coman más verduras, porque este guiso va a tener muchísima menos carne que lo que generalmente tienen. Se le pueden agregar arvejas, maíz, chauchas, papa, repollo cortado en tiritas... y un poquito de perejil fresco justo antes de servir, es un detalle delicioso!
Todos sabemos lo que eso significa: gastar, gastar y gastar.
Los niños son los que rigen la economía hogareña, aunque suene raro. Las propagandas (incluso de productos que los niños no utilizan) están pensadas para ellos. Se hizo un estudio hace unos cuantos años atrás, y cuando lo escuché, me pareció de los más tonto, pero empecé a prestar atención: Todas las propagandas, o la gran mayoría, están dirigidas a los menores de la casa.
Los colores de los productos, elegidos para niños. Colores vibrantes, llamativos. Todas las góndolas del supermercado son atractivas, es una aventura encontrar un solo color opaco. En los envases hay muñequitos, cachorritos, sonrisas...
Si vamos al supermercado con nuestros hijos, al menos, el 50% de los productos son elegidos por ellos.
Ven un producto y van cantando la canción de la propaganda. O te cuentan todas las maravillas de ese producto, y rematan con "Eso es lo que dice la propaganda".
Yo llevo una ardua lucha con el mío para explicarle que en las propagandas se puede exagerar, dar ideas equivocadas, que no necesariamente es cierto todo lo que te dicen.
Los chicos quieren el juguete más promocionado. Y nosotros, grandotes, con algunas nostalgias a cuestas, lo que más queremos es hacerlos felices, ¿quién no hizo el esfuerzo de gastar de más para un regalo, y después ni siquiera lo miraron?
Frustrante es poco.
Lo importante, es recordar esa sensación y actuar mejor la siguiente vez.
Algo que se acostumbraba en mi familia, era hacernos ver el juguete por adelantado, en la juguetería. Cada vez que nos encaprichábamos con un juego de esos que la propaganda sale 30 veces por día en nuestro televisor, y que por supuesto, era carísimo, íbamos de paseo a la juguetería.
Mi mamá nos llevaba a ver el juguete con nuestros propios ojos. Le pedía al empleado que abriera la caja, que pudiéramos verlo completito. Nuestra desilusión era terrible, siempre eran muy chiquitos, no tan brillantes, ni felices.
Lo bueno, aprendimos desde chicos que las propagandas no están obligadas a decir la verdad y cualquier desilusión venía antes del gasto. Aprendimos a pedir cosas con mejores criterios.
Es importante enseñarle a nuestros hijos la importancia de no gastar porque sí. Que no somos máquinas de generar dinero, y que ningún objeto va a llenar ningún vacío.
Lo que más quieren los chicos, es compartir con los padres. El resto, no es tan importante.
Si los agarramos desde muy chicos, es más factible que después, de más grandes, quieran pasar tiempo con nosotros.
Hace no mucho tiempo, en el diario, salió un artículo que decía que las madres/ padres, le dedicaban un 10% de su tiempo a sus hijos... eso es muy poco. Uno en seguida se siente tentado de decir: el 10% de 24 horas son casi dos horas y media! Pero el tiempo real es mucho menos... si a esas 24 horas le descontamos todo el tiempo que uno está trabajando, afuera de la casa, haciendo otras cosas... lo que se les dedica es realmente poco.
Hace unos años atrás, una tarde espantosa de lluvia y aburrimiento, nos pusimos con mi nene a armar autitos con cajas. El los pintó del lado de afuera, con escarbadientes les pusimos ruedas. No eran la gran cosa (eso queda claro en las fotos), pero los llevó a todos lados hasta que se deshicieron.
Teniendo otros juguetes y autitos "en serio", prefería los que habíamos construido.
Además, si consideramos la vida útil que suelen tener los juguetes en mano de los chicos, el hecho que no sean caros, es mejor...
Siendo sinceros, uno de los mejores regalos para un chico, es una gran caja vacía. La pintan, la recortan, hacen un millón de cosas ahí adentro. Es regalarles un mundo.
Y lo más lindo, lo mejor, es crear el mundo juntos.
¿Se animan a crear un mundo con sus hijos? Yo tengo fotos de varios juguetes que hicimos juntos, y puedo ir subiendo el paso a paso.
Antes de eso, algunos detalles a tener en cuenta, para evitar frustraciones:
1- A los chicos no les gusta que los obliguen a hacer nada. Son como la fauna silvestre, hay que dejar que se acerquen, no hacer movimientos bruscos.
¿Cómo hago con mi chiquito? Fácil, no le digo nada, ni "me ayudás", ni "vamos a hacer", ninguna de esas frases. Lo que hago es ir preparando lentamente todo, bien a la vista, desplegando el papel de diario para proteger la mesa, los materiales, y de a poco, empiezo a hacer. Si para este entonces él no dijo ya "Mami, yo también quiero" o "¿Te puedo ayudar?" o algo así, le pido que me haga el favor de alcanzarme algo. De esa manera, va a ver que algo interesante está sucediendo, y se va a quedar a ver en dónde puede meter mano.
2- Los chicos deciden cuándo empiezan y cuándo terminan lo que están haciendo. Al principio quizás sólo participan un ratito, pero con la costumbre de hacer, cada vez se van a quedar más tiempo al lado nuestro. Al principio pueden hacerse cosas sencillas, o ya tener armado gran parte, así logran completar la tarea y se enganchan mejor la próxima.
3- Es importante jugar con los colores, con las formas, las texturas, no hacer siempre lo mismo, que cada proyecto sea un nuevo proyecto, sino el interés decae.
4- Ya que nos vamos a tomar tanto trabajo, busquemos hacer juegos y juguetes que estimulen su desarrollo, cada etapa tiene lo suyo (esto también podemos ir viéndolo)
Antes que nada, disculpen la ausencia, estuve con el cierre de cuatrimestre en la universidad y con el cumpleaños de mi hijo. Por eso, les traigo algo dulce y rico, para compensar.
El otro día, tuve que salir con mi nene. Entré a un kiosco a comprar pañuelitos descartables y vi el precio de las galletitas.
Realmente, son caras. Y no son taaaaan ricas. Sin contar que, no sé si mi paladar fue cambiando, pero cada vez se las siente más y más dulces.
¿Alguien leyó lo que traen las galletitas compradas? Un montón de cosas que ni locos usaríamos en nuestra comida.
Por eso, les cuento, que preparo las mejores galletitas del mundo. Nunca sobra ninguna. Con la ventaja, que es una receta que cualquiera puede hacer en su casa. Es sencilla, bastante rápida, porque en una hora ya están todos quemándose los dedos para comer la primera, y si hiciéramos las cuentas por kilo de galletitas, es muchísimo más barato (sin contar lo sano).
La masa, una vez preparada, puede congelarse para ser cocinada en cualquier momento (hasta 6 meses en el freezer), o ya cocidas, se las guarda en recipiente hermético en un lugar fresco (no en la heladera) y duran bastante, según la temporada... bueno... si se las esconde bien.
Las variaciones de la receta son infinitas, según el gusto y los ingredientes que se tengan.
Esta receta viene medida a ojímetro, aviso.
¿Qué se necesita? Según la cantidad que se quiera hacer, yo suelo seguir la receta para 200 gramos de manteca, primero porque viene fraccionada así, y como se pueden guardar sin problemas, no sé si vale la pena hacer menos de eso. (El envoltorio de la manteca, se puede guardar en el congelador para usar cuando haya que enmantecar un molde, es fácil, práctico y es aprovechar hasta el último restito)
Que sea manteca, es lo que le va a dar calidad a las galletitas. No sirve usar margarina, ni otra grasa. Tiene que ser manteca.
Entonces, empezamos tamizando 2 tazas de harina común. No hace falta que sea refinada, pero sí tamizarla, eso es lo que va a hacer que la masa sea suave, sin grumos. También se tamiza una taza de azúcar (o menos) y si el azúcar es impalpable, mucho mejor, pero con azúcar común funciona bien, dos cucharaditas colmadas de polvo para hornear y una pizca de sal. La sal va a resaltar los sabores.
Mezclamos todo despacito, con un tenedor, las cucharas tienden a apelmazar los ingredientes secos, y pierde todo sentido el haberlo tamizado.
A continuación, la manteca. La manteca hay que mantenerla fría hasta que se vaya a usar. Las galletitas no son buenas amigas del calor, incluso, si esta receta se realiza un día caluroso, que la manteca en seguida pierde rigidez, hay que ir guardando la masa en la heladera.
Se cortan los 200 gramos de manteca en pedazos y después, con mucho cariño, y con las manos, se soban los ingredientes secos con la manteca, hasta que queda una consistencia de arena.
Se hace un hueco en el medio, aparte se baten dos huevos grandes (o 3 pequeños), y se agregan. Se va uniendo todo, con tenedor o con la mano, hasta que quede una masa sublime. Si es necesario, porque quedó muy pastosa, se le sigue tamizando harina común encima y uniéndola, pero ¡CUIDADO! siempre que la masa se sienta fría, si la masa se siente tibia al tacto, hay que meterla un rato a la heladera.
¿Por qué? (este por qué es clave) Cuando la temperatura de la masa aumenta, la manteca empieza a derretirse, se vuelve más húmeda, y absorbe más harina. Si uno se excede con la cantidad de harina, deja de hacer galletitas para hacer rompemuelas con sabor a galletita. Muchas veces, el fracaso de las galletitas caseras es porque quedan duras, imposibles de comer, y esto es por el exceso de harina.
La masa, una vez terminada, se siente suave y liviana. Es muy extraño, porque entre una cosa y otra, agregamos más de medio kilo de ingredientes, pero se siente liviana.
Si se quiere, se la puede dejar reposar un ratito, yo la dejo el tiempo justo que me toma lavar lo que usé, limpiar bien la mesada y prender el horno para precalentarlo, a fuego medio bajo.
La mesada, si está fría, mejor. Enharinarla, enharinar el palo de amasar, estirar la masa.
Secreto: hay que apoyar el bollo y estirar sólo para un lado. No hay que hacer el movimiento de ida y vuelta, porque la masa queda mal, se pegotea, se enrolla en el palo de amasar, un desastre.
El espesor puede variar pero el ideal es de medio centímetro (a ojo, por supuesto).
Se enharina el cortante, si se las quiere con alguna forma en especial, sino, en cuadrados o rombos con un cuchillo afilado.
Se los pone en una bandeja, se sube un poquito la temperatura del horno (medio alto, nunca al máximo) y adentro. No hace falta enharinar ni enmantecar la bandeja, las galletitas tienen suficiente manteca como para no pegarse.
Se hacen bastante rápido, se van a dar cuenta porque de repente, el horno tiene como un imán, sale un olorcito fabuloso y es imposible alejarse. Saber si están en su punto justo es simple. Se abre el horno, se agarra la bandeja (cuidado con no quemarse), y se sacude, si las galletitas se despegan y se mueven, ya están.
Dejarlas unos minutos en la bandeja, y después sacarlas, ponerlas en una rejilla para que se enfríen (yo uso un trapo, lo importante es sacarlas de la bandeja caliente para que no se resequen).
Una vez frías, se las puede decorar con chocolate, o glasé real. Esto lo van a lograr una vez que hagan 3 o 4 veces galletitas y en la casa no estén como bestias depredadoras esperando a que salgan del horno (y en esto hay que incluirse). Otra opción, es darle una forma distinta, conseguirse esos pirotines para madalenas, yo uso los más chiquitos, se estira la masa y se corta como si fueran ñoquis, y se pone un pedacito en cada pirotín. Horno y listo. No funciona con porciones muy grandes de masa, pero si son chiquitos, no hay problema. Sólo hay que tener cuidado de no sobrecargar el pirotín, porque se rebalsa. Una vez fríos, se pueden pintar con un poquito de dulce de leche y pasar por granas. A los chicos les divierte mucho.
Y eso es todo. Disfrutarlas.
Más adelante voy a subir otras recetas de galletitas, pero primero es bueno que le tomen el gusto a hacerlas... y comerlas! Nadia.
Hay algunos monstruos más, y el primero de esta última parte, viene disfrazado con la misma alegría y colorido que los anteriores. También con el mismo vacío: La comida chatarra.
Lo separé de los anteriores, porque un snack es más para "picar" que para comer. La comida chatarra se disfraza de comida, nos tienta, nos dice que está bien... y uno hace caso omiso a la cantidad de tocino (esto es grasa) que tienen, o que tenga estabilizantes, conservantes, y otros, y la letra chiquitita con la que se escriben los ingredientes no debería darnos mucha confianza. Es fácil darle a los
chicos, que siempre tienen mil vueltas para comer, a todos les gustan
(hasta que se agarran una terrible intoxicación, como me pasó una vez, y
nunca más). Y eso cuando uno compra para hacerlas en casa... ¿y cuando ya lo compra hecho?
Esta entrada, la iba a publicar hace rato, pero me pasó que empecé a investigar. Nunca me interesó mucho el tema, dado que al no consumir, poco problema me hice, pero esto fue una buena excusa para aprender.
A veces, es mucho mejor vivir en la ignorancia, y como el tema da para largo y es controversial, voy a ir desglosando las distintas comidas chatarra, de otro modo esta entrada va a ser interminable!
Hace un tiempo atrás, en una casa de productos de limpieza, una mujer me hace el comentario que el líquido limpia pisos era un terrible gasto, que por eso iba a comprarlo suelto.
A mí me llamó la atención semejante afirmación, y le pregunté si eran muchos en la casa o si era una casa muy grande. Me dijo que no, eran ella y su marido, una casa chica.
Le pregunté cuánto líquido usaba por mes y me dijo "como una botella por semana" (Eso es casi un litro!!).
Después de esto, me quedé pensando, yo uso una botella cada dos meses, y la casa se limpia regularmente.
Empecé a prestar atención a las propagandas.
Y encontré el problema.
En la propaganda, la persona que limpia, echa media botella en un balde y pasa el trapo. Cuando no son esas botellas interminables, y cae el líquido colorido al balde.
Y la propaganda se abusa de nosotros otra vez.
Las instrucciones, que vienen en la misma botella y cualquiera puede comprobarlo, dicen que hay que usar una o dos tapitas de líquido limpiador (según la marca) por litro de agua.
En caso de suciedad difícil, aplicar puro en un trapo y pasar por donde queremos.
Poniendo sólo dos tapitas por litro de agua nos sirve para limpiar y desinfectar, no se necesita más que eso.
Y yo, para ahorrar todavía más, porque no sólo es el gasto, sino que son químicos y a nadie le hace bien (sobre todo porque lo que no usamos termina en las cloacas, o en los pozos ciegos, y con el tiempo en las napas de agua), preparo sólo un litro de agua en un balde, que lo uso para remojar el trapo de piso. Lo enjuago en la canilla para sacarle el sucio, y lo remojo nuevamente en el líquido preparado; de esta manera, no se ensucia el agua con el líquido y ese litro sirve para toda la casa.
Para una opción más económica todavía, y mucho más amigable con el medio ambiente, se puede preparar un litro de agua, con una taza con vinagre de alcohol y una o dos gotitas de detergente. Limpia y desinfecta igual.
Compré un líquido para pisos, que tenía un precio, y en casa, me di cuenta, que no era así, estaba más caro.
Al supermercado que fui, en general, no suelen tener mal etiquetados los precios. Pero, ¿quién no se pasó un buen rato intentando encontrar el precio perdido? ¿Quién no se dio por vencido y lo metió en el carrito igual, con intención de preguntar en la línea de cajas, y olvidarse después... y pagarlo sin saber?
En el mercado del barrio, algo que no tiene el precio pegado (al menos, en el mercado de mi barrio, todavía le ponen precio a cada cosa, con la esa pistola de etiquetitas), o en el supermercado, donde en sus hermosas y prolijas líneas de productos, el precio quizás aparece en otro estante, o al final de la góndola.
O está el precio por un envase que no es el que tenemos en la mano, a veces uno quiere comparar, y está el precio del envase chico pero no del envase grande.
O algunas ofertas, que el cartel está corrido, y uno compra lo que no era.
Para verificar que el precio que vimos es el correcto, tenemos que mirar los números del código de barras del producto y los impresos en la etiqueta de la góndola. Si es el mismo código, ese es el precio.
En Argentina se puede hacer la denuncia en defensa al consumidor, lo que se hace es llamar (o lo que corresponda) y avisar que determinado lugar no cumple con la obligación de tener los precios a la vista, o que los precios están desactualizados, o puestos de manera confusa.
Algo que también es ley, es que además del precio, debe figurar el precio por unidad, o por kilo o por metro, según el producto que corresponda. Lamentablemente, los supermercados han encontrado la manera de confundirnos: Hablando del mismo producto, por ejemplo, el papel higiénico, que no sólo hay muchas marcas, sino que hay cientos de presentaciones distintas, un producto dice el precio por unidad, el otro por metro, el otro cada 100 metros... que para el caso es lo mismo que nada. Esta normativa se aplicó para que podamos comparar de manera sencilla, pero a veces es casi imposible.
Hay que armarse de paciencia, llevar una calculadora o el teléfono, y empezar a revisar los precios por unidad o por metro, para comparar números reales.
Las primeras veces es largo. Pero con el tiempo, uno se agiliza, aprende a ver qué etiquetas del precio están bien (todas parejas por unidad o lo que corresponda) y con cuales tiene que hacer las cuentas.
Con el mismo papel higiénico, una vez me pasó que igual cantidad de metros, igual calidad, misma marca, pero en distinta presentación, el que traía más rollos era más caro, era más barato llevar dos paquetes de la presentación chica.
A veces, por la costumbre, uno no repara en estas cosas, pero al empezar a contar unos pesos de cada lado, termina haciendo una diferencia.
(Acá está el enlace para saber derechos del consumidor, es una guía muy linda y útil, altamente recomendable)
Hacer un menú económico, no necesariamente se refiere a bajar la calidad de la comida, sino aprovechar todo lo mejor posible.
¿Cuántas veces se desechan restos de comida, que pueden servir para algo más?
Las comidas típicas de cada país, en su mayoría, son comidas de pobres, trucos ingeniosos para hacer rendir mejor la comida, o aprovechar eso que, de otra manera, iría a la basura (o a algún perro).
Los canelones, las lasagnas, son maneras de aprovechar restos de carne.
Lo mismo con los guisos. Un guiso con los huesos con carne que sobraron de un asado les deja ese saborcito a humo riquísimo.
Esta vez, traje a las alitas de pollo (amigos vegetarianos, no me odien, ya compensaré con información sobre verduras, cereales, etc.). Se pueden hacer maravillas con esto. Algo muy importante a tener en cuenta, es que sólo vale la pena comprar alitas de pollo cuando el kilo cuesta la mitad o menos que el kilo de pollo entero, sino conviene comprar el pollo entero.
Este es una relación calidad/ precio que hay que tener en cuenta. ¡Ah! Siempre y cuando, el alita venga completa, como la de la foto, si no viene la parte más gordita, la relación de precio debe ser tres veces más barato que el kilo de pollo.
¿Cómo las aprovecho?
Separo la parte gordita del resto del ala, cortando por la articulación. A esta parte gordita, le saco la piel, y las pongo en la mezcla de huevo y provenzal para después pasarlas por pan rallado y freírlas.
Otra opción, es poner en un tupper, un huevo, sal y pimienta a gusto, batirlos, poner la parte gorda de las alitas, agregar avena arrollada. Tapar el tupper y sacudirlo bien. Sacar las alitas y meterlas en el horno. (Se puede reemplazar la avena con copos de maíz, los que vienen solos, no los azucarados)
Esto es mucho más sano que la comida chatarra, es fácil de hacer y a los chicos les encanta porque se puede comer con la mano (a los grandes también).
A lo que me sobra del ala, lo pongo en una asadera, con un poco de sal gruesa y lo meto en el horno, hasta que se doren bien.
Una vez cocinados y fríos, separo la punta del ala (la que casi no tiene carne) para hacer un rico caldo de verduras y pollo. El horno ayudó a desgrasarlas y darles sabor, y si tienen algunas plumas todavía, se las saca después de cocinadas, antes de hacerlas caldo, porque es más fácil que cuando están crudas.
La parte que sobra, que sería el medio del ala, tiene usos múltiples. Como ya está cocida, se separa fácil del hueso, y sirve para un montón de preparaciones, como ensaladas frías, o tortillas, o una rica salsa o un arroz con pollo. Las opciones son muchas, sólo hay que ponerle el gusto de cada uno.
Incluso, si no hay tiempo o no hay ganas de cocinar la salsa o el caldo, se pueden congelar ya cocinadas (nunca crudas), o tener unos días más en la heladera sin que se echen a perder.
Con un kilo de alitas, yo preparo al menos tres comidas distintas para mi nene y para mí.
Cuando voy a buscar a mi hijo al jardín, no puedo evitar notar la cantidad de personas que, a diario, esperan a sus hijos con snacks (a falta de una mejor palabra).
Esto también puede verse en el transporte público, en cualquier entrada o salida de escuela, en la calle (y sobre todo, en la calle, la cantidad de envoltorios tirados es abrumadora!).
Ingesta vacía de contenido. Empaque brillante. Rico.
Los snacks
Por supuesto, que volvemos al "es rico". Es mucho mejor, guardar el dinero, y cuando uno se da el gusto, comprar algo de buena calidad, que comprar golosinas más baratas. ¿Por qué? Porque las golosinas, cuanto más baratas, peor son. ¿Por qué? Porque la materia prima de poca calidad, no tiene buen sabor, entonces, se "tapa" ese sabor extraño con mucho azúcar, con mucho almidón, con muchos saborizantes, conservantes, aromatizantes y cualquier otro -ante que a uno se le ocurra.
Me ha pasado de tirar a la basura huevos de pascua que le regalaron a mi nene, por el sabor a grasa que tenían. Siendo una vez al año, preferible comprar un huevo bueno.
Con las galletitas suele pasar esto también. Son pastosas, pesadas, terriblemente dulces, con un color bastante dudoso. Hacerlas caseras, es fácil, divertido, se pueden guardar crudas o cocidas.
Los cumpleaños, en ese afán de ahorrar, porque es cierto, es carísimo, se compran las golosinas más baratas... yo preparo madalenas caseras, bien chiquitas, de porción, y hasta ahora ninguno se quejó, al contrario, me preguntan cuándo les llevo más. Y gasto menos que comprando golosinas, y pierdo menos tiempo que yendo a comprar, averiguar precios, y se conservan bien en envase hermético.
Las cosas saladas también son un vicio. Porque en casa no comeremos muchos dulces, pero no puedo decir que lo salado no nos tienta.
Las papas fritas, se hacen en casa, y el último tiempo, incluso las preferimos al horno, que es más fácil que salgan crocantes, al no venir las variedades de papa identificadas, es difícil saber cuál es mejor para freír, cual para puré... También es más sencillo saborizarlas.
Los snacks tienen un precio muy variable, desde un par de pesos hasta... la verdad, no sé.
Cuando mi nene iba a un jardín lejos de casa, y sabía que salía con hambre, en vez de esperarlo con porquerías, lo esperaba con una bolsita con pasas de uvas, o almendras (estas no son baratas, pero son muy nutritivas), almohaditas de avena, pancitos de queso, con cosas ricas, pero sanas.
Muchas de estas cosas se pueden hacer en casa (como los alfajores, galletitas, tostaditas saborizadas...), sabiendo qué le ponemos, cuándo lo hicimos. Yo siempre me pregunté qué le ponen a la crema que usan de relleno para las galletitas. Supuestamente es crema... pero no necesita refrigeración. Si alguien sabe, por favor, que lo cuente.
Próximamente, la parte III.
(Y ténganme paciencia, ya voy a subir más recetas, con fotos y todo, pero lleva un poco más de preparación)
Nadia
Todas las fotos han sido sacadas por mí, en Luján.
Yo tengo la mala costumbre de mirar los carritos de compras ajenos en la linea de espera de las cajas. No puedo evitarlo. Uno de los motivos por los cuales empecé este blog, es porque he visto el desperdicio de dinero...
¿A qué le llamo monstruos come-dinero? A los vicios que todos tenemos. Cosas absolutamente innecesarias, en general dañinas para nosotros, que se pagan caro y hacen desastres en nuestro presupuesto.
Este primer monstruo, es casi en venganza de todos los que me hicieron las cuentas con los cigarrillos (ya no fumo, salvo alguno que otro cada tanto, como un gusto y nada más).
Sé lo difícil que es dejar los vicios, lo viví. Primero pasé una etapa de reemplazo del vicio, tomé té y mate hasta cansarme, caramelos, ejercicio...
En una primera instancia, el gasto se corre de lugar, y después que se corta con el vicio se puede empezar a ahorrar.
Voy a intentar aportar ideas para reemplazar estos vicios, y si a alguien se le ocurre algo mejor, por favor, aporte lo suyo.
Como voy a empezar a usar nombres de marcas y no sé hasta qué punto puedo, voy a reemplazar alguna de sus vocales con un *, de modo que sea entendible.
Bebidas envasadas
Hay varios tipos de bebidas envasadas.
Empecemos con las gaseosas.
En mi casa no se consumen. Cuando era chica sólo se tomaba gaseosa en las épocas especiales, como ser las fiestas o cumpleaños. Mi hijo no consume gaseosas, incluso ha pasado, de ir a casa de algún amiguito, decir que tenía sed y que le dieran un vaso con gaseosa. Mi hijo tomó la gaseosa feliz, y devolviendo el vaso, decir: "¿Ahora me das agua, que tengo sed?"
El azúcar no saca la sed, al contrario, lo incrementa.
El azúcar es adictiva.
El azúcar, cuanto más refinado o más artificial es, peor nos hace.
Hay cientos de estudios alrededor del mundo que lo dicen, miles, millones de personas que lo sufren.
Entonces, ¿por qué se consumen así?
Primero, la vida es feliz en las propagandas de gaseosas. La gente sonríe, las familias no se pelean ni se ignoran al mirar los celulares, sino que se juntan a comer en la mesa, las mujeres son más lindas, los hombres más interesantes, los niños juegan y se divierten. Viven la utopía del mundo de las fantasías. ¡Son la familia Ingalls moderna!
Segundo, el envase es brillante, es toda una promesa. Nos engatusan como si fueran espejitos de colores. No hay bebidas gaseosas con etiquetas grises, o de color pastel... eso no llama la atención...
Tercero, nos lleva a nuestra más tierna infancia, cuando no era común consumir gaseosas, y que hubiera era motivo de fiesta. ¿Quién no quiere revivir en cada momento los cumpleaños a los que iba cuando era chico? ¡Es magia en una botella! Es un líquido, que no muestra nada de especial hasta que se lo abre y hace ese ruido, y las burbujitas nos hacen cosquillas en la cara (y esto queda bien claro en cada propaganda).
Cuarto, el azúcar nos droga. Nos da esa sensación de felicidad, de energía. Es un estimulante, pero sólo en partes, porque después de un rato, ese pico de azúcar en sangre cae, y nos da como angustia... eso nos lleva al próximo vaso.
Estos son los motivos por los cuales se consume, de hecho, cada vez que le pregunto a alguien por qué consume gaseosas, la respuesta es siempre la misma: "Porque es rica", "Porque me gusta", "Porque sí".
La propaganda apela a nuestro niño interior y nos volvemos caprichosos, no necesitamos más que las ganas para satisfacernos.
Son tantos los contras que tiene el consumo de bebidas gaseosas... y los beneficios, las cosas buenas, son sólo un capricho.
Los adultos le ponemos límites a los niños, ¿y quién le pone límites a los adultos? Yo supongo que el dinero. Cada uno es dueño de su vida, por supuesto, y nadie hace nada que no quiera. Cada uno tiene derecho sobre su cuerpo y tiene derecho de destruirlo o de cuidarlo como más le guste, es verdad. Pero, si nadie le daría cigarrillos a un niño, ¿por qué llenan la mamadera o el vaso con gaseosa? Los humanos, somos los únicos animales que no nacemos con el instinto de qué debemos comer, sino que lo aprendemos. Todo hábito que aprenda un chico, muy difícilmente lo revierta de grande.
Como antes dije, sé lo que es una adicción. No es tan sencillo decir, "Listo, es mala, dejo de tomarla". Ojalá funcionara así, muchas cosas serían más simples. Pero en algún momento, al menos, tenemos que ver que algo no está bien. Y como "la plata nunca alcanza" que la plata sea la que nos de la pauta. Ayer fui al mercadito de mi barrio a relevar los precios de las bebidas envasadas. No me preocupé en buscar el mejor precio, porque al ser algo que nace del "porque sí", me supuse que uno suele ir a buscarlas al lugar más cercano... sin contar que una botella es pesada, uno no camina 10 cuadras con tanto peso encima. Lo que me suponía, no son baratas, de hecho, uno paga bien caro un daño a la salud.
Yo sólo me fijé en los precios del envase más grande, y cuanto más grande el envase, más "barato" es el litro. Argentina está consumiendo 131 litros de gaseosa por persona por año. Yo no consumo gaseosa, eso significa que alguien se está tomando "mis" 131 litros. Y así con cada persona que no toma de esto. ¿Cuántos litros por día consume una persona que acostumbra tomar gaseosa? Supongamos que sólo toma un litro diario, en la forma más económica, que es en envase retornable. Significa que gasta $4 por día en gaseosa, en un mes, $120, y en un año, $1440. En una familia tipo, si cada integrante consume un litro, son $16 por día, lo que suma $480 por mes, lo mismo que decir $5760 al año. Y si no es en envase retornable este número aumenta. Y si es en envases de menor capacidad, más caro todavía. Es todo un esfuerzo cambiar los hábitos. Lo cierto es que, al igual que dejar de fumar, la recompensa al final es un poco más de dinero en el bolsillo y estar un poco más sanos.
Entonces, ¿cuántos litros por día, por mes, por año?
Este video no es actual, está muy lindo. Al final dice que México lidera el consumo de gaseosas a nivel mundial, pero, malas noticias, Argentina lo está liderando... y la noticia es fresquita de este año...
Pero las gaseosas no son todo. Aunque las aguas saborizadas parecen ser una versión más sana, también son más caras por litro.
Igual con las bebidas alcohólicas, una cerveza cuesta entre $9 y $17...
Y la mayoría de estas bebidas, vienen en su envase, que terminan en la basura, y que no se degradan en esta vida.
¿Estrategias? Primero hacer un reemplazo, quizás cambiar por un jugo en el almuerzo, por ejemplo. Una vez que uno se acostumbra a que no esté la gaseosa en la mesa, cambiar a jugo a la noche también, y empezar a tomar agua en el almuerzo.
Dejar las gaseosas como algo de un gusto, un día a la semana.
También, uno puede preparar las aguas saborizadas en casa, no es una ciencia, y de esa manera, dosificar la cantidad de azúcar que se consume, sin conservantes ni envases que contaminen. En verano, yo suelo preparar una linda jarra de té de menta y la tengo en la heladera.
A mí me sirvió guardar el dinero que hubiera utilizado en cigarrillos y a fin de mes me compraba algo a modo de premio (a fin de mes porque no fumaba mucho, entonces no juntaba mucha plata por semana...)
Este gasto, el de los monstruos come-dinero, cuando uno lleva registro, salta solo a la vista. Yo me deshice de montones de gastos innecesarios.
Lamentablemente, hay más de estos monstruos... próximamente la parte II.