Hacer un menú económico, no necesariamente se refiere a bajar la calidad de la comida, sino aprovechar todo lo mejor posible.
¿Cuántas veces se desechan restos de comida, que pueden servir para algo más?
Las comidas típicas de cada país, en su mayoría, son comidas de pobres, trucos ingeniosos para hacer rendir mejor la comida, o aprovechar eso que, de otra manera, iría a la basura (o a algún perro).
Los canelones, las lasagnas, son maneras de aprovechar restos de carne.
Lo mismo con los guisos. Un guiso con los huesos con carne que sobraron de un asado les deja ese saborcito a humo riquísimo.
Esta vez, traje a las alitas de pollo (amigos vegetarianos, no me odien, ya compensaré con información sobre verduras, cereales, etc.). Se pueden hacer maravillas con esto. Algo muy importante a tener en cuenta, es que sólo vale la pena comprar alitas de pollo cuando el kilo cuesta la mitad o menos que el kilo de pollo entero, sino conviene comprar el pollo entero.
Este es una relación calidad/ precio que hay que tener en cuenta. ¡Ah! Siempre y cuando, el alita venga completa, como la de la foto, si no viene la parte más gordita, la relación de precio debe ser tres veces más barato que el kilo de pollo.
¿Cómo las aprovecho?
Separo la parte gordita del resto del ala, cortando por la articulación. A esta parte gordita, le saco la piel, y las pongo en la mezcla de huevo y provenzal para después pasarlas por pan rallado y freírlas.
Otra opción, es poner en un tupper, un huevo, sal y pimienta a gusto, batirlos, poner la parte gorda de las alitas, agregar avena arrollada. Tapar el tupper y sacudirlo bien. Sacar las alitas y meterlas en el horno. (Se puede reemplazar la avena con copos de maíz, los que vienen solos, no los azucarados)
Esto es mucho más sano que la comida chatarra, es fácil de hacer y a los chicos les encanta porque se puede comer con la mano (a los grandes también).
A lo que me sobra del ala, lo pongo en una asadera, con un poco de sal gruesa y lo meto en el horno, hasta que se doren bien.
Una vez cocinados y fríos, separo la punta del ala (la que casi no tiene carne) para hacer un rico caldo de verduras y pollo. El horno ayudó a desgrasarlas y darles sabor, y si tienen algunas plumas todavía, se las saca después de cocinadas, antes de hacerlas caldo, porque es más fácil que cuando están crudas.
La parte que sobra, que sería el medio del ala, tiene usos múltiples. Como ya está cocida, se separa fácil del hueso, y sirve para un montón de preparaciones, como ensaladas frías, o tortillas, o una rica salsa o un arroz con pollo. Las opciones son muchas, sólo hay que ponerle el gusto de cada uno.
Incluso, si no hay tiempo o no hay ganas de cocinar la salsa o el caldo, se pueden congelar ya cocinadas (nunca crudas), o tener unos días más en la heladera sin que se echen a perder.
Con un kilo de alitas, yo preparo al menos tres comidas distintas para mi nene y para mí.
Ahorrar en el menú es aprovechar al máximo.
Nadia.




Buenísima idea!!! A mis niños les encantan las alitas y esta me parece una buena y muy práctica manera de prepararlas!
ResponderEliminarGracias, Mónica!
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