domingo, 30 de junio de 2013

Las mejores galletitas del mundo

Antes que nada, disculpen la ausencia, estuve con el cierre de cuatrimestre en la universidad y con el cumpleaños de mi hijo. Por eso, les traigo algo dulce y rico, para compensar.

El otro día, tuve que salir con mi nene. Entré a un kiosco a comprar pañuelitos descartables y vi el precio de las galletitas.
Realmente, son caras. Y no son taaaaan ricas. Sin contar que, no sé si mi paladar fue cambiando, pero cada vez se las siente más y más dulces.
¿Alguien leyó lo que traen las galletitas compradas? Un montón de cosas que ni locos usaríamos en nuestra comida. 
Por eso, les cuento, que preparo las mejores galletitas del mundo. Nunca sobra ninguna. Con la ventaja, que es una receta que cualquiera puede hacer en su casa. Es sencilla, bastante rápida, porque en una hora ya están todos quemándose los dedos para comer la primera, y si hiciéramos las cuentas por kilo de galletitas, es muchísimo más barato (sin contar lo sano).

La masa, una vez preparada, puede congelarse para ser cocinada en cualquier momento (hasta 6 meses en el freezer), o ya cocidas, se las guarda en recipiente hermético en un lugar fresco (no en la heladera) y duran bastante, según la temporada... bueno... si se las esconde bien.

Las variaciones de la receta son infinitas, según el gusto y los ingredientes que se tengan.
Esta receta viene medida a ojímetro, aviso.

¿Qué se necesita? Según la cantidad que se quiera hacer, yo suelo seguir la receta para 200 gramos de manteca, primero porque viene fraccionada así, y como se pueden guardar sin problemas, no sé si vale la pena hacer menos de eso.
(El envoltorio de la manteca, se puede guardar en el congelador para usar cuando haya que enmantecar un molde, es fácil, práctico y es aprovechar hasta el último restito)
Que sea manteca, es lo que le va a dar calidad a las galletitas. No sirve usar margarina, ni otra grasa. Tiene que ser manteca.
Entonces, empezamos tamizando 2 tazas de harina común. No hace falta que sea refinada, pero sí tamizarla, eso es lo que va a hacer que la masa sea suave, sin grumos. También se tamiza una taza de azúcar (o menos) y si el azúcar es impalpable, mucho mejor, pero con azúcar común funciona bien, dos cucharaditas colmadas de polvo para hornear y una pizca de sal. La sal va a resaltar los sabores.
Mezclamos todo despacito, con un tenedor, las cucharas tienden a apelmazar los ingredientes secos, y pierde todo sentido el haberlo tamizado.
A continuación, la manteca. La manteca hay que mantenerla fría hasta que se vaya a usar. Las galletitas no son buenas amigas del calor, incluso, si esta receta se realiza un día caluroso, que la manteca en seguida pierde rigidez, hay que ir guardando la masa en la heladera.
Se cortan los 200 gramos de manteca en pedazos y después, con mucho cariño, y con las manos, se soban los ingredientes secos con la manteca, hasta que queda una consistencia de arena.
Se hace un hueco en el medio, aparte se baten dos huevos grandes (o 3 pequeños), y se agregan. Se va uniendo todo, con tenedor o con la mano, hasta que quede una masa sublime.
Si es necesario, porque quedó muy pastosa, se le sigue tamizando harina común encima y uniéndola, pero ¡CUIDADO! siempre que la masa se sienta fría, si la masa se siente tibia al tacto, hay que meterla un rato a la heladera.

¿Por qué? (este por qué es clave) Cuando la temperatura de la masa aumenta, la manteca empieza a derretirse, se vuelve más húmeda, y absorbe más harina. Si uno se excede con la cantidad de harina, deja de hacer galletitas para hacer rompemuelas con sabor a galletita. Muchas veces, el fracaso de las galletitas caseras es porque quedan duras, imposibles de comer, y esto es por el exceso de harina.
La masa, una vez terminada, se siente suave y liviana. Es muy extraño, porque entre una cosa y otra, agregamos más de medio kilo de ingredientes, pero se siente liviana.
Si se quiere, se la puede dejar reposar un ratito, yo la dejo el tiempo justo que me toma lavar lo que usé, limpiar bien la mesada y prender el horno para precalentarlo, a fuego medio bajo.
La mesada, si está fría, mejor. Enharinarla, enharinar el palo de amasar, estirar la masa.
Secreto: hay que apoyar el bollo y estirar sólo para un lado. No hay que hacer el movimiento de ida y vuelta, porque la masa queda mal, se pegotea, se enrolla en el palo de amasar, un desastre.
El espesor puede variar pero el ideal es de medio centímetro (a ojo, por supuesto).
Se enharina el cortante, si se las quiere con alguna forma en especial, sino, en cuadrados o rombos con un cuchillo afilado.
Se los pone en una bandeja, se sube un poquito la temperatura del horno (medio alto, nunca al máximo) y adentro. No hace falta enharinar ni enmantecar la bandeja, las galletitas tienen suficiente manteca como para no pegarse.
Se hacen bastante rápido, se van a dar cuenta porque de repente, el horno tiene como un imán, sale un olorcito fabuloso y es imposible alejarse.
Saber si están en su punto justo es simple. Se abre el horno, se agarra la bandeja (cuidado con no quemarse), y se sacude, si las galletitas se despegan y se mueven, ya están.

Dejarlas unos minutos en la bandeja, y después sacarlas, ponerlas en una rejilla para que se enfríen (yo uso un trapo, lo importante es sacarlas de la bandeja caliente para que no se resequen). 
Una vez frías, se las puede decorar con chocolate, o glasé real. Esto lo van a lograr una vez que hagan 3 o 4 veces galletitas y en la casa no estén como bestias depredadoras esperando a que salgan del horno (y en esto hay que incluirse).
Otra opción, es darle una forma distinta, conseguirse esos pirotines para madalenas, yo uso los más chiquitos, se estira la masa y se corta como si fueran ñoquis, y se pone un pedacito en cada pirotín. Horno y listo. No funciona con porciones muy grandes de masa, pero si son chiquitos, no hay problema. Sólo hay que tener cuidado de no sobrecargar el pirotín,  porque se rebalsa.
Una vez fríos, se pueden pintar con un poquito de dulce de leche y pasar por granas. A los chicos les divierte mucho.

Y eso es todo. Disfrutarlas.

Más adelante voy a subir otras recetas de galletitas, pero primero es bueno que le tomen el gusto a hacerlas... y comerlas!

Nadia.

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lunes, 17 de junio de 2013

¿En qué gastamos tanto? III

Los monstruos come-dinero Parte III


Hay algunos monstruos más, y el primero de esta última parte, viene disfrazado con la misma alegría y colorido que los anteriores. También con el mismo vacío: La comida chatarra.

Lo separé de los anteriores, porque un snack es más para "picar" que para comer. La comida chatarra se disfraza de comida, nos tienta, nos dice que está bien... y uno hace caso omiso a la cantidad de tocino (esto es grasa) que tienen, o que tenga estabilizantes, conservantes, y otros, y la letra chiquitita con la que se escriben los ingredientes no debería darnos mucha confianza. Es fácil darle a los chicos, que siempre tienen mil vueltas para comer, a todos les gustan (hasta que se agarran una terrible intoxicación, como me pasó una vez, y nunca más).
Y eso cuando uno compra para hacerlas en casa... ¿y cuando ya lo compra hecho?

Esta entrada, la iba a publicar hace rato, pero me pasó que empecé a investigar. Nunca me interesó mucho el tema, dado que al no consumir, poco problema me hice, pero esto fue una buena excusa para aprender.
A veces, es mucho mejor vivir en la ignorancia, y como el tema da para largo y es controversial, voy a ir desglosando las distintas comidas chatarra, de otro modo esta entrada va a ser interminable!

Salchichas
Bocaditos de pollo

Si se les ocurre alguna otra comida chatarra que debería estar en la lista, por favor, avisenme y la agregamos, armo el link y busco la información.


Nadia.

domingo, 16 de junio de 2013

Ahorrando en productos de limpieza

Hace un tiempo atrás, en una casa de productos de limpieza, una mujer me hace el comentario que el líquido limpia pisos era un terrible gasto, que por eso iba a comprarlo suelto.
A mí me llamó la atención semejante afirmación, y le pregunté si eran muchos en la casa o si era una casa muy grande. Me dijo que no, eran ella y su marido, una casa chica.
Le pregunté cuánto líquido usaba por mes y me dijo "como una botella por semana" (Eso es casi un litro!!). 

Después de esto, me quedé pensando, yo uso una botella cada dos meses, y la casa se limpia regularmente.
Empecé a prestar atención a las propagandas. 
Y encontré el problema.

En la propaganda, la persona que limpia, echa media botella en un balde y pasa el trapo. Cuando no son esas botellas interminables, y cae el líquido colorido al balde.
Y la propaganda se abusa de nosotros otra vez.
Las instrucciones, que vienen en la misma botella y cualquiera puede comprobarlo, dicen que hay que usar una o dos tapitas de líquido limpiador (según la marca) por litro de agua. 
En caso de suciedad difícil, aplicar puro en un trapo y pasar por donde queremos.

Poniendo sólo dos tapitas por litro de agua nos sirve para limpiar y desinfectar, no se necesita más que eso.

Y yo, para ahorrar todavía más, porque no sólo es el gasto, sino que son químicos y a nadie le hace bien (sobre todo porque lo que no usamos termina en las cloacas, o en los pozos ciegos, y con el tiempo en las napas de agua), preparo sólo un litro de agua en un balde, que lo uso para remojar el trapo de piso. Lo enjuago en la canilla para sacarle el sucio, y lo remojo nuevamente en el líquido preparado; de esta manera, no se ensucia el agua con el líquido y ese litro sirve para toda la casa.


Para una opción más económica todavía, y mucho más amigable con el medio ambiente, se puede preparar un litro de agua, con una taza con vinagre de alcohol y una o dos gotitas de detergente. Limpia y desinfecta igual.

Nadia.

jueves, 13 de junio de 2013

En busca del precio perdido

Hoy fui al supermercado.
Compré un líquido para pisos, que tenía un precio, y en casa, me di cuenta, que no era así, estaba más caro.

Al supermercado que fui, en general, no suelen tener mal etiquetados los precios. Pero, ¿quién no se pasó un buen rato intentando encontrar el precio perdido? ¿Quién no se dio por vencido y lo metió en el carrito igual, con intención de preguntar en la línea de cajas, y olvidarse después... y pagarlo sin saber?
En el mercado del barrio, algo que no tiene el precio pegado (al menos, en el mercado de mi barrio, todavía le ponen precio a cada cosa, con la esa pistola de etiquetitas), o en el supermercado, donde en sus hermosas y prolijas líneas de productos, el precio quizás aparece en otro estante, o al final de la góndola.

O está el precio por un envase que no es el que tenemos en la mano, a veces uno quiere comparar, y está el precio del envase chico pero no del envase grande.
O algunas ofertas, que el cartel está corrido, y uno compra lo que no era.  
 
Para verificar que el precio que vimos es el correcto, tenemos que mirar los números del código de barras del producto y los impresos en la etiqueta de la góndola. Si es el mismo código, ese es el precio.

En Argentina se puede hacer la denuncia en defensa al consumidor, lo que se hace es llamar (o lo que corresponda) y avisar que determinado lugar no cumple con la obligación de tener los precios a la vista, o que los precios están desactualizados, o puestos de manera confusa.
Algo que también es ley, es que además del precio, debe figurar el precio por unidad, o por kilo o por metro, según el producto que corresponda. Lamentablemente, los supermercados han encontrado la manera de confundirnos: Hablando del mismo producto, por ejemplo, el papel higiénico, que no sólo hay muchas marcas, sino que hay cientos de presentaciones distintas, un producto dice el precio por unidad, el otro por metro, el otro cada 100 metros... que para el caso es lo mismo que nada. Esta normativa se aplicó para que podamos comparar de manera sencilla, pero a veces es casi imposible.
Hay que armarse de paciencia, llevar una calculadora o el teléfono, y empezar a revisar los precios por unidad o por metro, para comparar números reales.
Las primeras veces es largo. Pero con el tiempo, uno se agiliza, aprende a ver qué etiquetas del precio están bien (todas parejas por unidad o lo que corresponda) y con cuales tiene que hacer las cuentas.
Con el mismo papel higiénico, una vez me pasó que igual cantidad de metros, igual calidad, misma marca, pero en distinta presentación, el que traía más rollos era más caro, era más barato llevar dos paquetes de la presentación chica.
A veces, por la costumbre, uno no repara en estas cosas, pero al empezar a contar unos pesos de cada lado, termina haciendo una diferencia.

(Acá está el enlace para saber derechos del consumidor, es una guía muy linda y útil, altamente recomendable)


¿Se animan a buscar el precio perdido? 

Nadia.

miércoles, 12 de junio de 2013

Planeando el menú - Parte I

Hacer un menú económico, no necesariamente se refiere a bajar la calidad de la comida, sino aprovechar todo lo mejor posible.
¿Cuántas veces se desechan restos de comida, que pueden servir para algo más?
Las comidas típicas de cada país, en su mayoría, son comidas de pobres, trucos ingeniosos para hacer rendir mejor la comida, o aprovechar eso que, de otra manera, iría a la basura (o a algún perro).
Los canelones, las lasagnas, son maneras de aprovechar restos de carne.
Lo mismo con los guisos. Un guiso con los huesos con carne que sobraron de un asado les deja ese saborcito a humo riquísimo.

Esta vez, traje a las alitas de pollo (amigos vegetarianos, no me odien, ya compensaré con información sobre verduras, cereales, etc.). Se pueden hacer maravillas con esto. Algo muy importante a tener en cuenta, es que sólo vale la pena comprar alitas de pollo cuando el kilo cuesta la mitad o menos que el kilo de pollo entero, sino conviene comprar el pollo entero.
 Este es una relación calidad/ precio que hay que tener en cuenta. ¡Ah! Siempre y cuando, el alita venga completa, como la de la foto, si no viene la parte más gordita, la relación de precio debe ser tres veces más barato que el kilo de pollo.

¿Cómo las aprovecho?
Separo la parte gordita del resto del ala, cortando por la articulación. A esta parte gordita, le saco la piel, y las pongo en la mezcla de huevo y provenzal para después pasarlas por pan rallado y freírlas.

Otra opción, es poner en un tupper, un huevo, sal y pimienta a gusto, batirlos, poner la parte gorda de las alitas, agregar avena arrollada. Tapar el tupper y sacudirlo bien. Sacar las alitas y meterlas en el horno. (Se puede reemplazar la avena con copos de maíz, los que vienen solos, no los azucarados)


Esto es mucho más sano que la comida chatarra, es fácil de hacer y a los chicos les encanta porque se puede comer con la mano (a los grandes también). 

A lo que me sobra del ala, lo pongo en una asadera, con un poco de sal gruesa y lo meto en el horno, hasta que se doren bien.
Una vez cocinados y fríos, separo la punta del ala (la que casi no tiene carne) para hacer un rico caldo de verduras y pollo. El horno ayudó a desgrasarlas y darles sabor, y si tienen algunas plumas todavía, se las saca después de cocinadas, antes de hacerlas caldo, porque es más fácil que cuando están crudas.
La parte que sobra, que sería el medio del ala, tiene usos múltiples. Como ya está cocida, se separa fácil del hueso, y sirve para un montón de preparaciones, como ensaladas frías, o tortillas, o una rica salsa o un arroz con pollo. Las opciones son muchas, sólo hay que ponerle el gusto de cada uno.

Incluso, si no hay tiempo o no hay ganas de cocinar la salsa o el caldo, se pueden congelar ya cocinadas (nunca crudas), o tener unos días más en la heladera sin que se echen a perder.

Con un kilo de alitas, yo preparo al menos tres comidas distintas para mi nene y para mí.
Ahorrar en el menú es aprovechar al máximo.

Nadia.

viernes, 7 de junio de 2013

¿En qué gastamos tanto? II

Los monstruos come-dinero (Parte II)


Cuando voy a buscar a mi hijo al jardín, no puedo evitar notar la cantidad de personas que, a diario, esperan a sus hijos con snacks (a falta de una mejor palabra).
Esto también puede verse en el transporte público, en cualquier entrada o salida de escuela, en la calle (y sobre todo, en la calle, la cantidad de envoltorios tirados es abrumadora!).


Ingesta vacía de contenido. Empaque brillante. Rico. 

Los snacks

Por supuesto, que volvemos al "es rico". Es mucho mejor, guardar el dinero, y cuando uno se da el gusto, comprar algo de buena calidad, que comprar golosinas más baratas.
¿Por qué?
Porque las golosinas, cuanto más baratas, peor son.
¿Por qué?
Porque la materia prima de poca calidad, no tiene buen sabor, entonces, se "tapa" ese sabor extraño con mucho azúcar, con mucho almidón, con muchos saborizantes, conservantes, aromatizantes y cualquier otro -ante que a uno se le ocurra.
Me ha pasado de tirar a la basura huevos de pascua que le regalaron a mi nene, por el sabor a grasa que tenían. Siendo una vez al año, preferible comprar un huevo bueno.
Con las galletitas suele pasar esto también. Son pastosas, pesadas, terriblemente dulces, con un color bastante dudoso. Hacerlas caseras, es fácil, divertido, se pueden guardar crudas o cocidas.
Los cumpleaños, en ese afán de ahorrar, porque es cierto, es carísimo, se compran las golosinas más baratas... yo preparo madalenas caseras, bien chiquitas, de porción, y hasta ahora ninguno se quejó, al contrario, me preguntan cuándo les llevo más. Y gasto menos que comprando golosinas, y pierdo menos tiempo que yendo a comprar, averiguar precios, y se conservan bien en envase hermético.

Las cosas saladas también son un vicio. Porque en casa no comeremos muchos dulces, pero no puedo decir que lo salado no nos tienta.
Las papas fritas, se hacen en casa,  y el último tiempo, incluso las preferimos al horno, que es más fácil que salgan crocantes, al no venir las variedades de papa identificadas, es difícil saber cuál es mejor para freír, cual para puré... También es más sencillo saborizarlas.

Los snacks tienen un precio muy variable, desde un par de pesos hasta... la verdad, no sé.

Cuando mi nene iba a un jardín lejos de casa, y sabía que salía con hambre, en vez de esperarlo con porquerías, lo esperaba con una bolsita con pasas de uvas, o almendras (estas no son baratas, pero son muy nutritivas), almohaditas de avena, pancitos de queso, con cosas ricas, pero sanas.

Muchas de estas cosas se pueden hacer en casa (como los alfajores, galletitas, tostaditas saborizadas...), sabiendo qué le ponemos, cuándo lo hicimos.
Yo siempre me pregunté qué le ponen a la crema que usan de relleno para las galletitas. Supuestamente es crema... pero no necesita refrigeración. Si alguien sabe, por favor, que lo cuente.

Próximamente, la parte III.

(Y ténganme paciencia, ya voy a subir más recetas, con fotos y todo, pero lleva un poco más de preparación)

Nadia

Todas las fotos han sido sacadas por mí, en Luján.

jueves, 6 de junio de 2013

¿En qué gastamos tanto? I

Los monstruos come-dinero (parte I)


Yo tengo la mala costumbre de mirar los carritos de compras ajenos en la linea de espera de las cajas. No puedo evitarlo. Uno de los motivos por los cuales empecé este blog, es porque he visto el desperdicio de dinero...
¿A qué le llamo monstruos come-dinero? A los vicios que todos tenemos. Cosas absolutamente innecesarias, en general dañinas para nosotros, que se pagan caro y hacen desastres en nuestro presupuesto.

Este primer monstruo, es casi en venganza de todos los que me hicieron las cuentas con los cigarrillos (ya no fumo, salvo alguno que otro cada tanto, como un gusto y nada más).
Sé lo difícil que es dejar los vicios, lo viví. Primero pasé una etapa de reemplazo del vicio, tomé té y mate hasta cansarme, caramelos, ejercicio...
En una primera instancia, el gasto se corre de lugar, y después que se corta con el vicio se puede empezar a ahorrar.
Voy a intentar aportar ideas para reemplazar estos vicios, y si a alguien se le ocurre algo mejor, por favor, aporte lo suyo.
Como voy a empezar a usar nombres de marcas y no sé hasta qué punto puedo, voy a reemplazar alguna de sus vocales con un *, de modo que sea entendible.

Bebidas envasadas

Hay varios tipos de bebidas envasadas.
Empecemos con las gaseosas.
En mi casa no se consumen. Cuando era chica sólo se tomaba gaseosa en las épocas especiales, como ser las fiestas o cumpleaños. Mi hijo no consume gaseosas, incluso ha pasado, de ir a casa de algún amiguito, decir que tenía sed y que le dieran un vaso con gaseosa. Mi hijo tomó la gaseosa feliz, y devolviendo el vaso, decir: "¿Ahora me das agua, que tengo sed?"
El azúcar no saca la sed, al contrario, lo incrementa.
El azúcar es adictiva.
El azúcar, cuanto más refinado o más artificial es, peor nos hace.
Hay cientos de estudios alrededor del mundo que lo dicen, miles, millones de personas que lo sufren.
Entonces, ¿por qué se consumen así?
Primero, la vida es feliz en las propagandas de gaseosas. La gente sonríe, las familias no se pelean ni se ignoran al mirar los celulares, sino que se juntan a comer en la mesa, las mujeres son más lindas, los hombres más interesantes, los niños juegan y se divierten. Viven la utopía del mundo de las fantasías. ¡Son la familia Ingalls moderna!
Segundo, el envase es brillante, es toda una promesa. Nos engatusan como si fueran espejitos de colores. No hay bebidas gaseosas con etiquetas grises, o de color pastel... eso no llama la atención... 
Tercero, nos lleva a nuestra más tierna infancia, cuando no era común consumir gaseosas, y que hubiera era motivo de fiesta. ¿Quién no quiere revivir en cada momento los cumpleaños a los que iba cuando era chico? ¡Es magia en una botella! Es un líquido, que no muestra nada de especial hasta que se lo abre y hace ese ruido, y las burbujitas nos hacen cosquillas en la cara (y esto queda bien claro en cada propaganda).
Cuarto, el azúcar nos droga. Nos da esa sensación de felicidad, de energía. Es un estimulante, pero sólo en partes, porque después de un rato, ese pico de azúcar en sangre cae, y nos da como angustia... eso nos lleva al próximo vaso.

Estos son los motivos por los cuales se consume, de hecho, cada vez que le pregunto a alguien por qué consume gaseosas, la respuesta es siempre la misma: "Porque es rica", "Porque me gusta", "Porque sí".
La propaganda apela a nuestro niño interior y nos volvemos caprichosos, no necesitamos más que las ganas para satisfacernos.
Son tantos los contras que tiene el consumo de bebidas gaseosas... y los beneficios, las cosas buenas, son sólo un capricho.
Los adultos le ponemos límites a los niños, ¿y quién le pone límites a los adultos? Yo supongo que el dinero.
Cada uno es dueño de su vida, por supuesto, y nadie hace nada que no quiera. Cada uno tiene derecho sobre su cuerpo y tiene derecho de destruirlo o de cuidarlo como más le guste, es verdad. Pero, si nadie le daría cigarrillos a un niño, ¿por qué llenan la mamadera o el vaso con gaseosa?
Los humanos, somos los únicos animales que no nacemos con el instinto de qué debemos comer, sino que lo aprendemos. Todo hábito que aprenda un chico, muy difícilmente lo revierta de grande.
Como antes dije, sé lo que es una adicción. No es tan sencillo decir, "Listo, es mala, dejo de tomarla". Ojalá funcionara así, muchas cosas serían más simples. Pero en algún momento, al menos, tenemos que ver que algo no está bien. Y como "la plata nunca alcanza" que la plata sea la que nos de la pauta.
Ayer fui al mercadito de mi barrio a relevar los precios de las bebidas envasadas. No me preocupé en buscar el mejor precio, porque al ser algo que nace del "porque sí", me supuse que uno suele ir a buscarlas al lugar más cercano... sin contar que una botella es pesada, uno no camina 10 cuadras con tanto peso encima.
Lo que me suponía, no son baratas, de hecho, uno paga bien caro un daño a la salud.
Yo sólo me fijé en los precios del envase más grande, y cuanto más grande el envase, más "barato" es el litro.
Argentina está consumiendo 131 litros de gaseosa por persona por año. Yo no consumo gaseosa, eso significa que alguien se está tomando "mis" 131 litros. Y así con cada persona que no toma de esto.
¿Cuántos litros por día consume una persona que acostumbra tomar gaseosa? Supongamos que sólo toma un litro diario, en la forma más económica, que es en envase retornable. Significa que gasta $4 por día en gaseosa, en un mes, $120, y en un año, $1440.
En una familia tipo, si cada integrante consume un litro, son $16 por día, lo que suma $480 por mes, lo mismo que decir $5760 al año.
Y si no es en envase retornable este número aumenta. Y si es en envases de menor capacidad, más caro todavía.
Es todo un esfuerzo cambiar los hábitos. Lo cierto es que, al igual que dejar de fumar, la recompensa al final es un poco más de dinero en el bolsillo y estar un poco más sanos.

Entonces, ¿cuántos litros por día, por mes, por año?


Este video no es actual, está muy lindo. Al final dice que México lidera el consumo de gaseosas a nivel mundial, pero, malas noticias, Argentina lo está liderando... y la noticia es fresquita de este año...


Pero las gaseosas no son todo. Aunque las aguas saborizadas parecen ser una versión más sana, también son más caras por litro.
Igual con las bebidas alcohólicas, una cerveza cuesta entre $9 y $17...
Y la mayoría de estas bebidas, vienen en su envase, que terminan en la basura, y que no se degradan en esta vida.


¿Estrategias? Primero hacer un reemplazo, quizás cambiar por un jugo en el almuerzo, por ejemplo. Una vez que uno se acostumbra a que no esté la gaseosa en la mesa, cambiar a jugo a la noche también, y empezar a tomar agua en el almuerzo.
Dejar las gaseosas como algo de un gusto, un día a la semana.
También, uno puede preparar las aguas saborizadas en casa, no es una ciencia, y de esa manera, dosificar la cantidad de azúcar que se consume, sin conservantes ni envases que contaminen. En verano, yo suelo preparar una linda jarra de té de menta y la tengo en la heladera.
A mí me sirvió guardar el dinero que hubiera utilizado en cigarrillos y a fin de mes me compraba algo a modo de premio (a fin de mes porque no fumaba mucho, entonces no juntaba mucha plata por semana...)


Este gasto, el de los monstruos come-dinero, cuando uno lleva registro, salta solo a la vista. Yo me deshice de montones de gastos innecesarios.
Lamentablemente, hay más de estos monstruos... próximamente la parte II.


Nadia

martes, 4 de junio de 2013

Relación calidad/precio

No siempre el producto más caro es el de mejor calidad, como tampoco el más barato es el más económico.
Hay que llegar a un intermedio entre la calidad y el precio. A veces es fácil encontrarlo, la mayoría de las veces por casualidad, pero creo que se pueden ir desarrollando herramientas para que sea más fácil.
Muchas veces (por no decir siempre), uno no paga sólo el producto, sino que paga la marca. Y la paga cara. Uno no está pagando por lo que va a consumir, sino por la publicidad misma que nos hizo elegir ese producto. Es un círculo vicioso (¿se acuerdan del video que puse?).
Es bueno empezar a ver las segundas marcas que son elaboradas por las mismas empresas. Un ejemplo es la leche. El sachet cuesta entre $6-7, pero si vamos a la segunda marca de la misma empresa, está a la mitad de precio, más o menos (ojo, no suele ser fácil conseguirla, pero existen). ¿Por qué? Porque la segunda marca no tiene que pagar un espacio en la televisión, ni actores, ni protagonismo en las revistas, básicamente, la segunda marca no es una diva.
¿Cómo reconocerla? Dando vuelta el envase y viendo el establecimiento de origen. Muchas veces dice el establecimiento, otras, sólo el número de registro de SENASA, si tiene este número, significa que cumple con las normas para consumo interno.
Para saber el número del registro de SENASA:
Frutas y verduras 
Productos de origen animal (carnes, huevos, lácteos)

Otra manera, son los productos de marca propia de algunos supermercados, a veces valen la pena, pero no siempre. También hay que fijarse qué empresa lo hace, y si el precio realmente conviene (a veces, no es ni lo mejor ni lo más barato).

En cuestión de productos frescos, como el queso, hay tantas calidades y tipos que es abrumante, ¿quién no se llevó un pedazo de queso a la casa que ni el perro lo quiso comer? Lo más simple, es pedir que nos den a probar un pedacito. En seguida vamos a saber si es rico o no.
A quienes estén en Luján, les recomiendo que vayan a comprar los quesos a la Universidad Nacional de Luján, la calidad es muy buena (incluso se puede ver la planta donde se elaboran) y el precio también, atienden de 9 a 14 horas de lunes a viernes.

Después, empieza el camino para saber en qué productos se puede economizar y en cuales no vale la pena, para esto, hace falta el registro de gastos.
Y un lugar en donde se puede empezar a pensar ciertas modificaciones para aprovecharlo al máximo, es el menú.

A partir de ahora, se empieza a poner interesante...

Nadia.


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lunes, 3 de junio de 2013

Las ofertas

Hay muchos tipos de oferta a mi criterio, y como antes comentaba, no todas las ofertas son ofertas ni todas nos sirven.
Estuve armando una lista de los motivos por los cuales un producto pasa a estar en oferta.

Fecha de vencimiento: para productos envasados y no perecederos, cuando están cerca de la fecha de vencimiento, se los pone en oferta. Hay que tener mucho cuidado cuando se compra una oferta en mirar bien la fecha cuando el producto vence, muchas veces uno compra algo que en poco tiempo vence en nuestra alacena.
Si tiene poco tiempo a la fecha de vencimiento, hay que comprar poco o no comprarlo.
Otra cosa importante, es tener ordenados en la alacena los productos por fecha de vencimiento. Suena un poco obsesivo y extraño, pero siempre hay que dejar más a mano el producto que vence antes, de esta manera, evitamos desperdicios.
Tampoco hay que comprar de más. Si la oferta es buena y el vencimiento nos da un año como para tenerlo guardado, no hay que comprar más de lo que pueda consumirse en un año. Si tenemos la cantidad de polenta que usamos por año, sólo compramos más cuando abramos el último paquete, así nos garantizamos que nada se eche a perder y no ocupamos lugar de más.

Productos perecederos: son ofertas que aparecen en productos que les queda poca vida, que son para consumo del día o los pocos días siguientes. Este tipo de ofertas se ven todos los días en las verdulerías, y hay que tener cuidado, porque muchas veces, parte de lo que nos venden está en mal estado, o no es útil. Si hay una buena oferta en tomates, y uno quiere hacer salsa para guardar en el freezer, debería aprovecharlo, pero no si no tiene tiempo para hacerla en el día, lo más factible es que haya que tirar la mayor parte si lo dejamos adentro de la heladera. Hay que evitar comprar estas ofertas hasta el último minuto, para realmente aprovecharlas.
También en las carnicerías suele haber ofertas de este estilo, sobre todo en cortes que tienen hueso, o que no son demandados. Hay que saber que lo que se compre, debe ser cocinado lo antes posible y freezado cocido, nunca crudo.
 En productos como lácteos o panificados, pueden congelarse directamente, y se puede prolongar, según el producto, la vida hasta dos meses (no en el congelador), pero una vez descongelado debe ser consumido en las siguientes 24 a 48 horas.

Productos con defectos: en este caso pueden ser perecederos o no perecederos.
Si hablamos de productos perecederos, puede tratarse de verduras que tengan algún "defecto", que sean un poco más chicas, o que no se vean tan bien como otras. Muchas veces sirven para consumirlas sin problemas, pero como no se ven perfectas, se descartan o se ponen en oferta. Acá entrarían los huevos que son pequeños, o los maples con el tamaño irregular de los huevos.
Si hablamos de productos no perecederos, puede suceder que, como los fideos o galletitas, estén un poco rotos adentro.
 Puede pasar que el envase esté abollado, como en las latas o cajas.
 O pasar solamente por la estética, que la pintura del envase esté un poco corrida, o rayada (esto pasa mucho con aerosoles o productos de limpieza), y que no cambia en nada la calidad del producto.
Acá tenemos que ver el tema si nos sirve, o no, el producto en ese estado.
Si es una lata o envase tipo tetrapack, a menos que se consuma enseguida, no hay que comprarla. No sirve comprar este producto para llenar la alacena.
Si son fideos o galletitas rotas, habría que ver cuan rotas están, y si en definitiva nos sirven o no, eso es a criterio de cada uno.
Si es sólo una cuestión de estética... sólo queda ver si es un producto que utilizamos o no.

Momento de mayor producción o de fin de temporada: esto es común con alimentos que se cultiven y los ciclos de vida de las plantas. El tomate, en pleno verano está casi regalado. Pasa con muchas verduras, y es una buena costumbre consumir frutas y verduras de estación (más adelante voy a subir los calendarios, para tener una referencia). Como las plantas producen mucho, se necesita vender mucho, entonces, aparece la oferta.
Esto mismo, se ve reflejado en productos más elaborados. Por ejemplo, la harina de trigo. El trigo es un cultivo de invierno, se siembra en otoño y se cosecha a mediados-fines de la primavera. Es normal, que en estas épocas, la harina sea un poco más cara, porque todavía no se cosechó. Saber estas cosas, es bueno para tener una idea de cuándo comprar para tener de reserva.
Los de fin de temporada, suelen aparecer en descuentos en la ropa, es bueno aprovechar, siempre y cuando sean cosas discretas, del tipo básico. Comprar moda fuera de temporada equivale a algo que no se va a usar nunca.
Renovación de stock: esto pasa mucho en supermercados grandes, que tienen un renuevo en el stock, es decir, no siempre les conviene tener la mercadería ocupando espacio. Entonces, hacen ofertas sobre determinados productos, compras 2x1, el segundo vale la mitad, etc. (este está relacionado con el tipo de oferta que considero al final)

Últimas unidades: cuando quedan relativamente pocas unidades de un producto, suelen salir de oferta, esto se puede ver en los folletos, donde dice "stock: x unidades".


Promociones: Las promociones por productos nuevos, son ofertas tentadoras. Nos dicen cada 10 minutos que este nuevo producto es maravilloso, en la radio, en la televisión, internet... y encima nos lo venden a un precio inigualable. Pero con cuidado, porque la primera vez, es un poco más barato, después suele pegar un salto en el precio bastante importante. Muchas veces, no tienen una gran diferencia con el producto que ya usábamos, o ni siquiera nos gustó el producto y termina en la basura, o se lo regalamos a alguien. Si uno quiere probar el producto, puede solicitar una muestra gratis, sólo hay que llamar al teléfono que aparece atrás del envase, que dice "Atención al cliente" y preguntar si pueden enviar una muestra.
Otras promociones son las de productos que ya tienen su lugar en el mercado, pero no quieren que las ventas decaigan, o las ventas decayeron un poco y quieren estimular el consumo. Estas son las ofertas que traen un envase de regalo, o traen una muestra de otro producto (acá se quiere fomentar la compra del segundo producto también). Ante estas cosas, yo me fijo los precios de los productos por separado y hago la cuenta.
Algunas promociones también son para fechas especiales (Navidad, Día de la Madre, Día del Niño, etc.) para asegurar cierta venta. Se apela al sentimiento antes que a la utilidad, no siempre son ofertas reales, muchas veces es más caro que fuera de fecha. Comprar los regalos para estas fechas determinadas un par de meses antes, genera un ahorro importante.
Y las últimas promociones, son las de productos que no suelen venderse bien, por eso, estas a veces es mejor pasarlas por alto. Lo que uno no usa en su vida cotidiana, no lo va a usar porque esté de oferta. 
En este tipo de promociones, entran todas las cosas que no son de primera necesidad, cosas con las cuales uno puede seguir viviendo sin ningún problema. Si se presta atención, la mayoría de las propagandas televisivas, son de cosas que no son necesarias, que son meros gustos, y es fácil identificarlas, apelan al capricho, al ego.

Estimular la venta en general: estas son las ofertas más peligrosas.
 Es fácil poner el ejemplo de los supermerados, que tiene 10 o 15 productos en oferta, de los cuales unos 5 son cosas que realmente nos sirven como para comprar de más y guardar (ej: arroz, fideos, salsa, etc), y cuando uno va por esos productos en particular, dice "y ya que estoy compro todo lo que necesito". Error. Uno termina perdiendo. Lo que ahorró en un lado, lo pierde en el resto de los productos que no necesariamente tienen un precio más bajo. Por eso es importante tener una lista de compras y NO salirse de ella.

En el supermercado uno puede cuidarse más fácil, pero no es en el único lugar donde sucede esto. En las carnicerías, pollerías, fiambrerías, etc. se ponen hermosos carteles con ofertas, algunas muy buenas, y adentro no tienen un solo precio. Uno tiende a suponer que si la oferta es tan buena, los precios deben ser buenos en general. Lo cierto es que nadie puede saber si los precios son buenos si no los ve. Muchas veces uno pregunta, pero no siempre, ¿vale la pena, en un local lleno, preguntar el precio de 20 artículos distintos? No sólo el que atiende te mira con una cara de odio absoluto, sino la gente que espera también. ¿Quién no miró así a alguien porque se demoraba más de lo debido? Es una mirada a la cual nadie quiere sentirse expuesto.

Así que, en líneas generales, uno puede cuidarse de la siguiente manera:
  1. Siempre llevar una lista de compras, donde esté claro lo que uno necesita, y respetarla.
  2. Pensar si la oferta realmente nos sirve, si es algo que se puede consumir en poco tiempo, ver la fecha de vencimiento, el estado general del producto.
  3. En los lugares sin precios a la vista, sólo comprar las ofertas si es el caso, y nada más.
  4. Y llevar el registro detallado de los gastos (esto es más que importante, porque nos sirve para saber si una oferta es realmente una oferta!)

Más adelante, les voy a contar cómo hago para elegir los lugares donde suelo comprar más seguido, donde ya sé cómo suelen ser los precios y la calidad.

Todas las fotos fueron sacadas por mí en Luján.
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sábado, 1 de junio de 2013

Aprender criterios de compra

Acá empieza a tener sentido todo lo que venimos registrando.
Cada uno va desarrollando su propio criterio de compra y de ahorro, porque no todos tenemos las mismas necesidades, pero el ABC es similar.
De a poco, para que sea más sencillo, no sólo para leer, sino para mí escribirlo, voy a ir armando entradas para cada uno de los siguientes ítems, poniéndoles enlaces a medida que vaya generando nuevas entradas.

A) Reconocer ofertas: no todas las ofertas son ofertas ni toda oferta nos es útil. 
¿A qué me refiero con que no todas las ofertas son ofertas? Los mercados (sean del tamaño que sean, barriales o supermercados), le ponen el cartel de "Oferta" a algo. A veces, el precio es el mismo que antes, otras, es más barato, y me ha pasado de descubrir, que el precio era más alto que antes del cartel (motivo de más para anotar los gastos). 
Esto lo hacen porque nosotros, en general, registramos que nos dicen que es una oferta, y lo aceptamos sin ponerlo en duda. Metemos en el carrito y listo. Gastamos de más, sólo porque tenía un cartel de oferta. Ningún negocio, ningún comerciante, está obligado a ser honesto o deshonesto, es trabajo de cada uno manejar nuestro dinero.
¿Por qué no todas las ofertas nos sirven? Esto lo veo sobre todo en verdulerías, ofertas de kilos de una clase de verdura a muy bajo precio. Es tentador. Pero, ¿nos es útil? ¿Vamos a aprovechar esa semejante cantidad de alimento perecedero, que en general, está para consumir casi en el acto?

B) Relación calidad/ precio: ahorrar, no significa sólo comprar lo más barato que se encuentre, es común que la calidad sea espantosa y uno termina tirando lo que compró. Eso no es ahorro, al contrario, es un gasto innecesario. Uno siempre puede pedir que le den a probar el producto que compra (sobre todo si hablamos de quesos, que los de mala calidad son horribles), o siempre puede comprar poca cantidad y probarlo en la casa.

C) Aprender a ahorrar: este es el punto que más trabajo lleva, no porque sea difícil, sino porque hay que tener en cuenta muchos factores. Para ahondar en este punto, es necesario tener el registro de los gastos, saber en qué gastamos, cómo lo hacemos y en qué lugares se puede empezar a economizar, ya sea buscando alternativas en el menú, planificando, buscando lugares de compra alternativos (ayer, estuve en el supermercado, y la harina Favorita 0000 estaba $4,19 y en el mercado de mi barrio, está cerca de los $8, sin siquiera cambiar la marca ni la calidad del producto, son más de $3 de diferencia). Yo no me caso con ningún lugar de compra, en base a mis actividades, voy viendo lugares y precios, cuando viajo en colectivo miro los carteles. Nunca compro en un lugar que no tenga los precios a la vista (no sólo es ilegal, sino que siento que me van a estafar...), o sólo compro lo que sí tiene precio.  
Comprar todo en un solo lugar, a veces puede ser práctico, pero rara vez se consigue hacer un balance positivo.

  Nadia



 Todas las fotos las saqué yo el día de hoy, en Luján.
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