martes, 4 de junio de 2013

Relación calidad/precio

No siempre el producto más caro es el de mejor calidad, como tampoco el más barato es el más económico.
Hay que llegar a un intermedio entre la calidad y el precio. A veces es fácil encontrarlo, la mayoría de las veces por casualidad, pero creo que se pueden ir desarrollando herramientas para que sea más fácil.
Muchas veces (por no decir siempre), uno no paga sólo el producto, sino que paga la marca. Y la paga cara. Uno no está pagando por lo que va a consumir, sino por la publicidad misma que nos hizo elegir ese producto. Es un círculo vicioso (¿se acuerdan del video que puse?).
Es bueno empezar a ver las segundas marcas que son elaboradas por las mismas empresas. Un ejemplo es la leche. El sachet cuesta entre $6-7, pero si vamos a la segunda marca de la misma empresa, está a la mitad de precio, más o menos (ojo, no suele ser fácil conseguirla, pero existen). ¿Por qué? Porque la segunda marca no tiene que pagar un espacio en la televisión, ni actores, ni protagonismo en las revistas, básicamente, la segunda marca no es una diva.
¿Cómo reconocerla? Dando vuelta el envase y viendo el establecimiento de origen. Muchas veces dice el establecimiento, otras, sólo el número de registro de SENASA, si tiene este número, significa que cumple con las normas para consumo interno.
Para saber el número del registro de SENASA:
Frutas y verduras 
Productos de origen animal (carnes, huevos, lácteos)

Otra manera, son los productos de marca propia de algunos supermercados, a veces valen la pena, pero no siempre. También hay que fijarse qué empresa lo hace, y si el precio realmente conviene (a veces, no es ni lo mejor ni lo más barato).

En cuestión de productos frescos, como el queso, hay tantas calidades y tipos que es abrumante, ¿quién no se llevó un pedazo de queso a la casa que ni el perro lo quiso comer? Lo más simple, es pedir que nos den a probar un pedacito. En seguida vamos a saber si es rico o no.
A quienes estén en Luján, les recomiendo que vayan a comprar los quesos a la Universidad Nacional de Luján, la calidad es muy buena (incluso se puede ver la planta donde se elaboran) y el precio también, atienden de 9 a 14 horas de lunes a viernes.

Después, empieza el camino para saber en qué productos se puede economizar y en cuales no vale la pena, para esto, hace falta el registro de gastos.
Y un lugar en donde se puede empezar a pensar ciertas modificaciones para aprovecharlo al máximo, es el menú.

A partir de ahora, se empieza a poner interesante...

Nadia.


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lunes, 3 de junio de 2013

Las ofertas

Hay muchos tipos de oferta a mi criterio, y como antes comentaba, no todas las ofertas son ofertas ni todas nos sirven.
Estuve armando una lista de los motivos por los cuales un producto pasa a estar en oferta.

Fecha de vencimiento: para productos envasados y no perecederos, cuando están cerca de la fecha de vencimiento, se los pone en oferta. Hay que tener mucho cuidado cuando se compra una oferta en mirar bien la fecha cuando el producto vence, muchas veces uno compra algo que en poco tiempo vence en nuestra alacena.
Si tiene poco tiempo a la fecha de vencimiento, hay que comprar poco o no comprarlo.
Otra cosa importante, es tener ordenados en la alacena los productos por fecha de vencimiento. Suena un poco obsesivo y extraño, pero siempre hay que dejar más a mano el producto que vence antes, de esta manera, evitamos desperdicios.
Tampoco hay que comprar de más. Si la oferta es buena y el vencimiento nos da un año como para tenerlo guardado, no hay que comprar más de lo que pueda consumirse en un año. Si tenemos la cantidad de polenta que usamos por año, sólo compramos más cuando abramos el último paquete, así nos garantizamos que nada se eche a perder y no ocupamos lugar de más.

Productos perecederos: son ofertas que aparecen en productos que les queda poca vida, que son para consumo del día o los pocos días siguientes. Este tipo de ofertas se ven todos los días en las verdulerías, y hay que tener cuidado, porque muchas veces, parte de lo que nos venden está en mal estado, o no es útil. Si hay una buena oferta en tomates, y uno quiere hacer salsa para guardar en el freezer, debería aprovecharlo, pero no si no tiene tiempo para hacerla en el día, lo más factible es que haya que tirar la mayor parte si lo dejamos adentro de la heladera. Hay que evitar comprar estas ofertas hasta el último minuto, para realmente aprovecharlas.
También en las carnicerías suele haber ofertas de este estilo, sobre todo en cortes que tienen hueso, o que no son demandados. Hay que saber que lo que se compre, debe ser cocinado lo antes posible y freezado cocido, nunca crudo.
 En productos como lácteos o panificados, pueden congelarse directamente, y se puede prolongar, según el producto, la vida hasta dos meses (no en el congelador), pero una vez descongelado debe ser consumido en las siguientes 24 a 48 horas.

Productos con defectos: en este caso pueden ser perecederos o no perecederos.
Si hablamos de productos perecederos, puede tratarse de verduras que tengan algún "defecto", que sean un poco más chicas, o que no se vean tan bien como otras. Muchas veces sirven para consumirlas sin problemas, pero como no se ven perfectas, se descartan o se ponen en oferta. Acá entrarían los huevos que son pequeños, o los maples con el tamaño irregular de los huevos.
Si hablamos de productos no perecederos, puede suceder que, como los fideos o galletitas, estén un poco rotos adentro.
 Puede pasar que el envase esté abollado, como en las latas o cajas.
 O pasar solamente por la estética, que la pintura del envase esté un poco corrida, o rayada (esto pasa mucho con aerosoles o productos de limpieza), y que no cambia en nada la calidad del producto.
Acá tenemos que ver el tema si nos sirve, o no, el producto en ese estado.
Si es una lata o envase tipo tetrapack, a menos que se consuma enseguida, no hay que comprarla. No sirve comprar este producto para llenar la alacena.
Si son fideos o galletitas rotas, habría que ver cuan rotas están, y si en definitiva nos sirven o no, eso es a criterio de cada uno.
Si es sólo una cuestión de estética... sólo queda ver si es un producto que utilizamos o no.

Momento de mayor producción o de fin de temporada: esto es común con alimentos que se cultiven y los ciclos de vida de las plantas. El tomate, en pleno verano está casi regalado. Pasa con muchas verduras, y es una buena costumbre consumir frutas y verduras de estación (más adelante voy a subir los calendarios, para tener una referencia). Como las plantas producen mucho, se necesita vender mucho, entonces, aparece la oferta.
Esto mismo, se ve reflejado en productos más elaborados. Por ejemplo, la harina de trigo. El trigo es un cultivo de invierno, se siembra en otoño y se cosecha a mediados-fines de la primavera. Es normal, que en estas épocas, la harina sea un poco más cara, porque todavía no se cosechó. Saber estas cosas, es bueno para tener una idea de cuándo comprar para tener de reserva.
Los de fin de temporada, suelen aparecer en descuentos en la ropa, es bueno aprovechar, siempre y cuando sean cosas discretas, del tipo básico. Comprar moda fuera de temporada equivale a algo que no se va a usar nunca.
Renovación de stock: esto pasa mucho en supermercados grandes, que tienen un renuevo en el stock, es decir, no siempre les conviene tener la mercadería ocupando espacio. Entonces, hacen ofertas sobre determinados productos, compras 2x1, el segundo vale la mitad, etc. (este está relacionado con el tipo de oferta que considero al final)

Últimas unidades: cuando quedan relativamente pocas unidades de un producto, suelen salir de oferta, esto se puede ver en los folletos, donde dice "stock: x unidades".


Promociones: Las promociones por productos nuevos, son ofertas tentadoras. Nos dicen cada 10 minutos que este nuevo producto es maravilloso, en la radio, en la televisión, internet... y encima nos lo venden a un precio inigualable. Pero con cuidado, porque la primera vez, es un poco más barato, después suele pegar un salto en el precio bastante importante. Muchas veces, no tienen una gran diferencia con el producto que ya usábamos, o ni siquiera nos gustó el producto y termina en la basura, o se lo regalamos a alguien. Si uno quiere probar el producto, puede solicitar una muestra gratis, sólo hay que llamar al teléfono que aparece atrás del envase, que dice "Atención al cliente" y preguntar si pueden enviar una muestra.
Otras promociones son las de productos que ya tienen su lugar en el mercado, pero no quieren que las ventas decaigan, o las ventas decayeron un poco y quieren estimular el consumo. Estas son las ofertas que traen un envase de regalo, o traen una muestra de otro producto (acá se quiere fomentar la compra del segundo producto también). Ante estas cosas, yo me fijo los precios de los productos por separado y hago la cuenta.
Algunas promociones también son para fechas especiales (Navidad, Día de la Madre, Día del Niño, etc.) para asegurar cierta venta. Se apela al sentimiento antes que a la utilidad, no siempre son ofertas reales, muchas veces es más caro que fuera de fecha. Comprar los regalos para estas fechas determinadas un par de meses antes, genera un ahorro importante.
Y las últimas promociones, son las de productos que no suelen venderse bien, por eso, estas a veces es mejor pasarlas por alto. Lo que uno no usa en su vida cotidiana, no lo va a usar porque esté de oferta. 
En este tipo de promociones, entran todas las cosas que no son de primera necesidad, cosas con las cuales uno puede seguir viviendo sin ningún problema. Si se presta atención, la mayoría de las propagandas televisivas, son de cosas que no son necesarias, que son meros gustos, y es fácil identificarlas, apelan al capricho, al ego.

Estimular la venta en general: estas son las ofertas más peligrosas.
 Es fácil poner el ejemplo de los supermerados, que tiene 10 o 15 productos en oferta, de los cuales unos 5 son cosas que realmente nos sirven como para comprar de más y guardar (ej: arroz, fideos, salsa, etc), y cuando uno va por esos productos en particular, dice "y ya que estoy compro todo lo que necesito". Error. Uno termina perdiendo. Lo que ahorró en un lado, lo pierde en el resto de los productos que no necesariamente tienen un precio más bajo. Por eso es importante tener una lista de compras y NO salirse de ella.

En el supermercado uno puede cuidarse más fácil, pero no es en el único lugar donde sucede esto. En las carnicerías, pollerías, fiambrerías, etc. se ponen hermosos carteles con ofertas, algunas muy buenas, y adentro no tienen un solo precio. Uno tiende a suponer que si la oferta es tan buena, los precios deben ser buenos en general. Lo cierto es que nadie puede saber si los precios son buenos si no los ve. Muchas veces uno pregunta, pero no siempre, ¿vale la pena, en un local lleno, preguntar el precio de 20 artículos distintos? No sólo el que atiende te mira con una cara de odio absoluto, sino la gente que espera también. ¿Quién no miró así a alguien porque se demoraba más de lo debido? Es una mirada a la cual nadie quiere sentirse expuesto.

Así que, en líneas generales, uno puede cuidarse de la siguiente manera:
  1. Siempre llevar una lista de compras, donde esté claro lo que uno necesita, y respetarla.
  2. Pensar si la oferta realmente nos sirve, si es algo que se puede consumir en poco tiempo, ver la fecha de vencimiento, el estado general del producto.
  3. En los lugares sin precios a la vista, sólo comprar las ofertas si es el caso, y nada más.
  4. Y llevar el registro detallado de los gastos (esto es más que importante, porque nos sirve para saber si una oferta es realmente una oferta!)

Más adelante, les voy a contar cómo hago para elegir los lugares donde suelo comprar más seguido, donde ya sé cómo suelen ser los precios y la calidad.

Todas las fotos fueron sacadas por mí en Luján.
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sábado, 1 de junio de 2013

Aprender criterios de compra

Acá empieza a tener sentido todo lo que venimos registrando.
Cada uno va desarrollando su propio criterio de compra y de ahorro, porque no todos tenemos las mismas necesidades, pero el ABC es similar.
De a poco, para que sea más sencillo, no sólo para leer, sino para mí escribirlo, voy a ir armando entradas para cada uno de los siguientes ítems, poniéndoles enlaces a medida que vaya generando nuevas entradas.

A) Reconocer ofertas: no todas las ofertas son ofertas ni toda oferta nos es útil. 
¿A qué me refiero con que no todas las ofertas son ofertas? Los mercados (sean del tamaño que sean, barriales o supermercados), le ponen el cartel de "Oferta" a algo. A veces, el precio es el mismo que antes, otras, es más barato, y me ha pasado de descubrir, que el precio era más alto que antes del cartel (motivo de más para anotar los gastos). 
Esto lo hacen porque nosotros, en general, registramos que nos dicen que es una oferta, y lo aceptamos sin ponerlo en duda. Metemos en el carrito y listo. Gastamos de más, sólo porque tenía un cartel de oferta. Ningún negocio, ningún comerciante, está obligado a ser honesto o deshonesto, es trabajo de cada uno manejar nuestro dinero.
¿Por qué no todas las ofertas nos sirven? Esto lo veo sobre todo en verdulerías, ofertas de kilos de una clase de verdura a muy bajo precio. Es tentador. Pero, ¿nos es útil? ¿Vamos a aprovechar esa semejante cantidad de alimento perecedero, que en general, está para consumir casi en el acto?

B) Relación calidad/ precio: ahorrar, no significa sólo comprar lo más barato que se encuentre, es común que la calidad sea espantosa y uno termina tirando lo que compró. Eso no es ahorro, al contrario, es un gasto innecesario. Uno siempre puede pedir que le den a probar el producto que compra (sobre todo si hablamos de quesos, que los de mala calidad son horribles), o siempre puede comprar poca cantidad y probarlo en la casa.

C) Aprender a ahorrar: este es el punto que más trabajo lleva, no porque sea difícil, sino porque hay que tener en cuenta muchos factores. Para ahondar en este punto, es necesario tener el registro de los gastos, saber en qué gastamos, cómo lo hacemos y en qué lugares se puede empezar a economizar, ya sea buscando alternativas en el menú, planificando, buscando lugares de compra alternativos (ayer, estuve en el supermercado, y la harina Favorita 0000 estaba $4,19 y en el mercado de mi barrio, está cerca de los $8, sin siquiera cambiar la marca ni la calidad del producto, son más de $3 de diferencia). Yo no me caso con ningún lugar de compra, en base a mis actividades, voy viendo lugares y precios, cuando viajo en colectivo miro los carteles. Nunca compro en un lugar que no tenga los precios a la vista (no sólo es ilegal, sino que siento que me van a estafar...), o sólo compro lo que sí tiene precio.  
Comprar todo en un solo lugar, a veces puede ser práctico, pero rara vez se consigue hacer un balance positivo.

  Nadia



 Todas las fotos las saqué yo el día de hoy, en Luján.
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viernes, 31 de mayo de 2013

Empezando con el menú

Lo que comemos es otra cosa que se debería empezar a registrar. Con un par de semanas alcanza, pero es bueno saber qué se consume, en qué cantidad y con qué frecuencia. Esto se puede hacer a medida que uno cocina, o sentarse y hacerlo por adelantado.

¿Cómo hacerlo? El siguiente es un ejemplo, como para darse una idea...
Una columna con lo que se va a comer, y otra con las cosas que se necesitan, bastante simple.




¿Por qué hacerlo? Porque de esta manera nos vamos a dar cuenta qué y cómo comemos. Si tenemos un esquema de una semana, podemos ver qué cosas vamos a necesitar, si por ejemplo, queremos hacer unas milanesas de pollo, y un par de días más tarde, arroz con pollo, es un desperdicio comprar pechuga por un lado y pata y muslo por otro, es mucho más económico comprar el pollo entero y trozarlo en casa.
Entonces, hacer esto es el comienzo de la planificación de la compra. Hace poco me mudé y tenía todo por cualquier lado, fue un mes que no anoté nada, que hice desastres en mi presupuesto. Lo que más me molesta, es que terminé tirando comida porque se me puso fea en la heladera... y eso me pasó por comprar de más, y por no cocinar lo que debía en su momento.
Yo creo que tirar comida es muy feo. Yo se la doy a un perro, pero aún así, es un desperdicio que no debería ser. Hay que valorar que la mayoría de nosotros come a diario, cuando en otros lugares no tienen ese lujo.

¿Para qué hacerlo? Al empezar a ver la frecuencia de consumo, podemos empezar a comprar por adelantado ciertas cosas, sobre todo las no perecederas.
En casa consumimos muy poca azúcar. Entonces, cuando encuentro una oferta, compro 3 kilos, que es lo que uso en 6 meses más o menos. Pero para saber esto, primero tuve que anotar cada cuánto abría un paquete de azúcar. Me ha pasado, de no darme cuenta que se me acabó el azúcar, y tener que recurrir a ese sobrecito robado de algún café, y perdido en el cajón de los cubiertos...

Y además, una vez que tenemos un par de semanas anotadas, podemos empezar a optimizar nuestras compras (el ejemplo del pollo), y también a hacer un menú más económico, manteniendo la calidad. Para mí, esta es la parte más interesante... de a poco, voy a ir subiendo recetas propias o apropiadas, muy económicas y muy ricas también.

Nadia.

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miércoles, 29 de mayo de 2013

HÁBITOS Y VICIOS DE COMPRA

De todas las cosas que se pueden hacer para ahorrar, ninguna es útil si no se sabe en qué se gasta el dinero.
Lo primero que hay que hacer, es conseguirse un cuadernito, un pilón de hojas viejas, lo que sea, donde empezar a registrar los gastos. Al principio, al menos el primer mes, hay que ser lo más detallista posible, de esa manera, al tener detallados los hábitos de compra, se puede empezar a reconocer los vicios.
En la foto, puse los números de gastos reales que he hecho (aunque no todos). Después de tanto tiempo de llevar registro, ya no soy tan meticulosa, guardo los tickets y eso me alcanza, pero al principio, anotaba absolutamente todo.
 Para hacer un seguimiento de los gastos, se necesitan columnas como las de la foto. Puede haber una columna opcional para marcar en dónde se compró una determinada cosa, o guardar los tickets en un sobre aparte.
Yo le puse números en color violeta a las columnas, para poder detallarlas:

1) FECHA: ¿por qué es importante poner una fecha? Porque de esa manera se puede llevar un control sobre cómo varían los precios. Uno siempre cree que las cosas aumentan, pero no siempre es así, lo que suele pasar es que la memoria nos falla.
Una vez, haciendo esto, me di cuenta que durante 6 años, el valor del hilo dental casi no había cambiado, apenas unos centavos.
También, uno empieza a notar ciertos ciclos en ciertos productos, sobre todo, lo que se come. Por supuesto que esto tiene relación directa con cómo se producen, etc., pero ya me voy a ir metiendo de a poco en cada uno de esos temas.

2) GASTO: bueno, esta es bastante obvia. Hay variantes, pero al principio, es bueno anotar el precio por unidad, y llevar en la última columna el total de ese producto. Nos va a servir para comparar precios a través del tiempo, si el precio aumenta o no, etc.

3) ¿EN QUÉ?: Esto es útil, fundamentalmente, para saber cuál es nuestro consumo por una determinada cantidad de tiempo (en esto también voy a volver más adelante), pero para saber, por ejemplo, cuánto tardamos en consumir un kilo de arroz, o visto al revés, cuánto arroz consumimos por mes. Más adelante, lo vamos a usar.

4) TOTAL: Es una referencia de cuánto gastamos por compra, en un lugar determinado. Yo hago los totales diarios, por semana y por mes. Si me corro una semana del gasto que debería tener, intento corregirlo en las semanas siguientes, de manera que en el mes, siempre gasto más o menos lo mismo.
Los totales nos sirven para hacer balances, y el más importante es que, si se gasta más de lo que entra, uno está en problemas. 

Para empezar, esto es un montón. La regla es: No hay que olvidarse de anotar. Todos estos datos son más que útiles, porque son la base de los criterios. Con el tiempo y el hábito, cada uno desarrolla sus propios criterios de compra, pero sin esta información primera, es imposible empezar.


Les dejo este video, está muy bueno, vale la pena verlo, dice mucho sobre los vicios en el consumo, es para pensar un ratito.



Espero que les sirva, y si no, que pregunten, comenten, o pidan más... lo que mejor les parezca.
Nadia.

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EL COMIENZO


Abro este blog para intentar volcar mi experiencia con el dinero. Poco, de hecho. Pero lo que tengo me alcanza.
Más de una vez entro en discusiones cuando escucho "la plata no alcanza para nada", escucho esa frase desde que era muy chica, y la verdad, ninguno de mis conocidos se murió de hambre nunca. Han pasado por momentos más o menos difíciles, pero todos se acomodaron a sus ingresos, y a las posibilidades, suprimieron lo que no necesitaban, bueno, usaron el criterio. Ahora esta frase otra vez está de moda, y me cae muy pero muy mal, sobre todo porque creo que es una queja sin fundamentos, yo creo que no es que la plata falte, sino que lo que falta es saber administrarse.
Dicho esto, comento que mis ingresos son menores al sueldo mínimo. Y mantengo a mi hijo y a mí, sin ayuda alguna.
También, más de una vez, me dije "Si yo puedo cualquiera puede", pero esto en parte es cierto y en parte no. Todos son capaces de vivir con poco dinero, incluso, uno debería ser criterioso con el dinero aunque tenga un buen pasar, porque desperdiciar es un vicio muy feo, y por respeto a los que no tienen, uno debería ser cuidadoso, aprovechar los recursos que cada uno tiene.
Por otro lado, es cierto que ya no se enseñan más las herramientas para no malgastar. Se habla de ahorro, pero no se enseña cómo. Hemos caído en una época donde todos los carteles te dan órdenes (para consumir, obvio), donde todo se puede sacar en cuotas, donde la palabra ahorro viene acompañada de un gasto (¿vieron cómo, muchos lugares nos dicen "tenés que comprar acá si querés ahorrar"?).
Entonces, como no me gusta la queja porque sí, he decidido hacer lo que está a mi alcance, que es volcar mi experiencia, y ofrecer las herramientas necesarias para ahorrar, para no malgastar, para aprovechar todo lo más posible.
Quiero hacer un blog de acción y no de queja. Somos seres humanos, no importa la realidad económica a nivel país, la plata "nunca alcanza". Entonces, esto quiere decir que algo estamos haciendo mal, al menos a mi entender.
Cualquiera es capaz de cambiar ciertos hábitos. Por supuesto, intentar hacer todos los cambios a la vez sólo nos lleva al fracaso. La angustia de tantas cosas juntas, sólo hace que dejemos las cosas a la mitad y volvamos a nuestro lugar seguro, a lo que estamos acostumbrados, aunque esto no sea lo mejor. Entonces, como primera regla, cualquier cambio, es paso a paso. Nada es de un día para el otro. Paso a paso es posible; todo junto, no.

Mi idea es ir compartiendo ciertos criterios, para que cada uno pueda analizar sus gastos, y ver en dónde y cómo se está malgastando el dinero.
Muchas veces uno compra sin siquiera pensar en qué está comprando, o para qué... ni siquiera piensa si lo necesita. ¿y cuándo nos damos cuenta que hicimos esto? Cuando limpiamos la alacena y sacamos cosas vencidas que jamás abrimos, que ni siquiera sabíamos que estaban ahí. Esas cosas, fueron compras inútiles. Fue plata perdida.
Entonces, para empezar sólo hace falta un cuaderno, o un montón de hojas que ya no sirven, para usar el lado en blanco, es sólo para anotar los gastos realizados, nada más.
Es ir desglosando los tres ítems de la foto.

También, iré compartiendo mis lugares de compra, ofertas que considere buenas, los criterios para saber si algo realmente es o no una oferta, cómo hacer para no comprar de más, ni comprar cosas que no son necesarias.
Yo actualmente vivo en Luján, así que, los lugares que comparta seguramente serán de acá, pero si alguien quiere ayudarme en esta tarea, ir armando un mapa, de distintos lugares, para poder identificarlos entre todos.

Además de eso, que comenten. Porque esto lo estoy haciendo a ciegas. Empiezo por acá, pero no estoy segura de empezar por el principio realmente. 
Tengo todas las ganas de compartir lo que sé, lo que aplico, si le sirve a una persona, al menos, fue un tiempo bien aprovechado.

Bienvenidos,

Nadia.


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