lunes, 15 de julio de 2013

Rompecabezas para chicos

Una actividad barata y divertida es hacer rompecabezas con palitos de helado.
Hay varias opciones, dependiendo del tiempo que se tenga y la finalidad que se busque.

Estos rompecabezas los hice para regalarle a mi nene. 

Materiales: palitos de helado (con 10 por rompecabeza está bien), pintura blanca (al agua, puede ser acrílico, látex o incluso témpera), diseño en papel de calcar, fibra indeleble negra y lápices de colores.

Lo primero que hice fue pintar todos los palitos de blanco, para tener una base pareja, pero tranquilamente puede omitirse, y trabajar con el color de la madera.


Después, acomodé los 10 palitos sobre una mesa y los puse en fila, a todos bien juntos y parejos, y los sujeté con un pedazo de cinta de papel (cinta de pintor). 
Calqué el dibujo con lápiz negro, después remarqué con fibra indeleble negra.
Con los lápices de colores coloreé los dibujos.
Barnizar si se quiere.
Como hice varios rompecabezas a la vez, tuve el cuidado de numerar los rompecabezas del lado de atrás (usé puntos como en los dados).

 Con estos hice un regalo, pero tranquilamente lo pueden hacer los chicos, sólo hay que decirles que hagan dibujos sencillos. O darles el motivo ya calcado y remarcado con la fibra, y que ellos pinten.

Y ante la duda, consulten a sus hijos, ellos saben lo que les gustaría hacer.
Nadia.

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martes, 9 de julio de 2013

Planeando el menú - Parte II

¡Hasta los huesos!


Como antes dije, el secreto de una cocina económica, es aprovechar todo. Hasta los huesos.

Cerca de casa consigo los huesitos de cerdo muy baratos ($5 o 6), y tienen bastante carne, aunque no es de fácil acceso.
 
Esto que hago, se puede hacer con espinazo tranquilamente, o con los huesitos que sobran de un asado (¿nunca vieron cómo quedan llenos de carne, pegada al hueso y van a la basura?) y pueden reutilizarse en una nueva cocción. El guiso de huesitos siempre fue uno de mis preferidos. Las carnes pegadas al hueso son las que tienen mejor sabor, suelen tener menos grasa, son más blandas también.

Si tengo los huesitos crudos, lo que hago, antes que nada, es meterlos al horno. El calor nos da sabor y desgrasa también. Ubico los huesos (sin encimarse) en la bandeja, y por encima le agrego un preparado: en una taza, pongo sal fina, especias a gusto, y lleno la taza, mitad con agua (puede ser jugo de limón) y mitad con aceite. Si queremos que desgrasen lo más posible, sólo agregar el agua, no el aceite.
En el horno, los huesitos van a tomar un sabor y un color maravilloso.

Al estar cocidos, preparar un guiso nos toma sólo un rato. Se lo prepara de la misma manera que siempre, y los huesitos se incorporan apenas antes del líquido (para que no nos rebalse la cacerola) y dejamos que se cocine todo junto. En una hora más o menos de hervor, la carne se separa de los huesitos, y queda un caldo riquísimo y gordo.
Básicamente, la idea es engañar a los carnívoros de la casa para que coman más verduras, porque este guiso va a tener muchísima menos carne que lo que generalmente tienen. Se le pueden agregar arvejas, maíz, chauchas, papa, repollo cortado en tiritas... y un poquito de perejil fresco justo antes de servir, es un detalle delicioso!

Nadia. 

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domingo, 7 de julio de 2013

Los juguetes

El día del niño viene acechando.
Todos sabemos lo que eso significa: gastar, gastar y gastar.

Los niños son los que rigen la economía hogareña, aunque suene raro. Las propagandas (incluso de productos que los niños no utilizan) están pensadas para ellos. Se hizo un estudio hace unos cuantos años atrás, y cuando lo escuché, me pareció de los más tonto, pero empecé a prestar atención: Todas las propagandas, o la gran mayoría, están dirigidas a los menores de la casa.
Los colores de los productos, elegidos para niños. Colores vibrantes, llamativos. Todas las góndolas del supermercado son atractivas, es una aventura encontrar un solo color opaco. En los envases hay muñequitos, cachorritos, sonrisas...
Si vamos al supermercado con nuestros hijos, al menos, el 50% de los productos son elegidos por ellos.
Ven un producto y van cantando la canción de la propaganda. O te cuentan todas las maravillas de ese producto, y rematan con "Eso es lo que dice la propaganda".
Yo llevo una ardua lucha con el mío para explicarle que en las propagandas se puede exagerar, dar ideas equivocadas, que no necesariamente es cierto todo lo que te dicen.

Los chicos quieren el juguete más promocionado. Y nosotros, grandotes, con algunas nostalgias a cuestas, lo que más queremos es hacerlos felices, ¿quién no hizo el esfuerzo de gastar de más para un regalo, y después ni siquiera lo miraron?
Frustrante es poco.
Lo importante, es recordar esa sensación y actuar mejor la siguiente vez.

Algo que se acostumbraba en mi familia, era hacernos ver el juguete por adelantado, en la juguetería. Cada vez que nos encaprichábamos con un juego de esos que la propaganda sale 30 veces por día en nuestro televisor, y que por supuesto, era carísimo, íbamos de paseo a la juguetería.
Mi mamá nos llevaba a ver el juguete con nuestros propios ojos. Le pedía al empleado que abriera la caja, que pudiéramos verlo completito. Nuestra desilusión era terrible, siempre eran muy chiquitos, no tan brillantes, ni felices.
Lo bueno, aprendimos desde chicos que las propagandas no están obligadas a decir la verdad y cualquier desilusión venía antes del gasto. Aprendimos a pedir cosas con mejores criterios.

Es importante enseñarle a nuestros hijos la importancia de no gastar porque sí. Que no somos máquinas de generar dinero, y que ningún objeto va a llenar ningún vacío.

Lo que más quieren los chicos, es compartir con los padres. El resto, no es tan importante.
Si los agarramos desde muy chicos, es más factible que después, de más grandes, quieran pasar tiempo con nosotros.
Hace no mucho tiempo, en el diario, salió un artículo que decía que las madres/ padres, le dedicaban un 10% de su tiempo a sus hijos... eso es muy poco. Uno en seguida se siente tentado de decir: el 10% de 24 horas son casi dos horas y media! Pero el tiempo real es mucho menos... si a esas 24 horas le descontamos todo el tiempo que uno está trabajando, afuera de la casa, haciendo otras cosas... lo que se les dedica es realmente poco.

Hace unos años atrás, una tarde espantosa de lluvia y aburrimiento, nos pusimos con mi nene a armar autitos con cajas. El los pintó del lado de afuera, con escarbadientes les pusimos ruedas. No eran la gran cosa (eso queda claro en las fotos), pero los llevó a todos lados hasta que se deshicieron.
Teniendo otros juguetes y autitos "en serio", prefería los que habíamos construido.
Además, si consideramos la vida útil que suelen tener los juguetes en mano de los chicos, el hecho que no sean caros, es mejor...
Siendo sinceros, uno de los mejores regalos para un chico, es una gran caja vacía. La pintan, la recortan, hacen un millón de cosas ahí adentro. Es regalarles un mundo.

Y lo más lindo, lo mejor, es crear el mundo juntos.

¿Se animan a crear un mundo con sus hijos?
Yo tengo fotos de varios juguetes que hicimos juntos, y puedo ir subiendo el paso a paso.

Antes de eso, algunos detalles a tener en cuenta, para evitar frustraciones: 
      1- A los chicos no les gusta que los obliguen a hacer nada. Son como la fauna silvestre, hay que dejar que se acerquen, no hacer movimientos bruscos.
         ¿Cómo hago con mi chiquito? Fácil, no le digo nada, ni "me ayudás", ni "vamos a hacer", ninguna de esas frases. Lo que hago es ir preparando lentamente todo, bien a la vista, desplegando el papel de diario para proteger la mesa, los materiales, y de a poco, empiezo a hacer. Si para este entonces él no dijo ya "Mami, yo también quiero" o "¿Te puedo ayudar?" o algo así, le pido que me haga el favor de alcanzarme algo. De esa manera, va a ver que algo interesante está sucediendo, y se va a quedar a ver en dónde puede meter mano.
       2- Los chicos deciden cuándo empiezan y cuándo terminan lo que están haciendo. Al principio quizás sólo participan un ratito, pero con la costumbre de hacer, cada vez se van a quedar más tiempo al lado nuestro. Al principio pueden hacerse cosas sencillas, o ya tener armado gran parte, así logran completar la tarea y se enganchan mejor la próxima.
     3- Es importante jugar con los colores, con las formas, las texturas, no hacer siempre lo mismo, que cada proyecto sea un nuevo proyecto, sino el interés decae.
    4- Ya que nos vamos a tomar tanto trabajo, busquemos hacer juegos y juguetes que estimulen su desarrollo, cada etapa tiene lo suyo (esto también podemos ir viéndolo)

Entonces... ¿se animan?
      

Rompecabezas para chicos

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domingo, 30 de junio de 2013

Las mejores galletitas del mundo

Antes que nada, disculpen la ausencia, estuve con el cierre de cuatrimestre en la universidad y con el cumpleaños de mi hijo. Por eso, les traigo algo dulce y rico, para compensar.

El otro día, tuve que salir con mi nene. Entré a un kiosco a comprar pañuelitos descartables y vi el precio de las galletitas.
Realmente, son caras. Y no son taaaaan ricas. Sin contar que, no sé si mi paladar fue cambiando, pero cada vez se las siente más y más dulces.
¿Alguien leyó lo que traen las galletitas compradas? Un montón de cosas que ni locos usaríamos en nuestra comida. 
Por eso, les cuento, que preparo las mejores galletitas del mundo. Nunca sobra ninguna. Con la ventaja, que es una receta que cualquiera puede hacer en su casa. Es sencilla, bastante rápida, porque en una hora ya están todos quemándose los dedos para comer la primera, y si hiciéramos las cuentas por kilo de galletitas, es muchísimo más barato (sin contar lo sano).

La masa, una vez preparada, puede congelarse para ser cocinada en cualquier momento (hasta 6 meses en el freezer), o ya cocidas, se las guarda en recipiente hermético en un lugar fresco (no en la heladera) y duran bastante, según la temporada... bueno... si se las esconde bien.

Las variaciones de la receta son infinitas, según el gusto y los ingredientes que se tengan.
Esta receta viene medida a ojímetro, aviso.

¿Qué se necesita? Según la cantidad que se quiera hacer, yo suelo seguir la receta para 200 gramos de manteca, primero porque viene fraccionada así, y como se pueden guardar sin problemas, no sé si vale la pena hacer menos de eso.
(El envoltorio de la manteca, se puede guardar en el congelador para usar cuando haya que enmantecar un molde, es fácil, práctico y es aprovechar hasta el último restito)
Que sea manteca, es lo que le va a dar calidad a las galletitas. No sirve usar margarina, ni otra grasa. Tiene que ser manteca.
Entonces, empezamos tamizando 2 tazas de harina común. No hace falta que sea refinada, pero sí tamizarla, eso es lo que va a hacer que la masa sea suave, sin grumos. También se tamiza una taza de azúcar (o menos) y si el azúcar es impalpable, mucho mejor, pero con azúcar común funciona bien, dos cucharaditas colmadas de polvo para hornear y una pizca de sal. La sal va a resaltar los sabores.
Mezclamos todo despacito, con un tenedor, las cucharas tienden a apelmazar los ingredientes secos, y pierde todo sentido el haberlo tamizado.
A continuación, la manteca. La manteca hay que mantenerla fría hasta que se vaya a usar. Las galletitas no son buenas amigas del calor, incluso, si esta receta se realiza un día caluroso, que la manteca en seguida pierde rigidez, hay que ir guardando la masa en la heladera.
Se cortan los 200 gramos de manteca en pedazos y después, con mucho cariño, y con las manos, se soban los ingredientes secos con la manteca, hasta que queda una consistencia de arena.
Se hace un hueco en el medio, aparte se baten dos huevos grandes (o 3 pequeños), y se agregan. Se va uniendo todo, con tenedor o con la mano, hasta que quede una masa sublime.
Si es necesario, porque quedó muy pastosa, se le sigue tamizando harina común encima y uniéndola, pero ¡CUIDADO! siempre que la masa se sienta fría, si la masa se siente tibia al tacto, hay que meterla un rato a la heladera.

¿Por qué? (este por qué es clave) Cuando la temperatura de la masa aumenta, la manteca empieza a derretirse, se vuelve más húmeda, y absorbe más harina. Si uno se excede con la cantidad de harina, deja de hacer galletitas para hacer rompemuelas con sabor a galletita. Muchas veces, el fracaso de las galletitas caseras es porque quedan duras, imposibles de comer, y esto es por el exceso de harina.
La masa, una vez terminada, se siente suave y liviana. Es muy extraño, porque entre una cosa y otra, agregamos más de medio kilo de ingredientes, pero se siente liviana.
Si se quiere, se la puede dejar reposar un ratito, yo la dejo el tiempo justo que me toma lavar lo que usé, limpiar bien la mesada y prender el horno para precalentarlo, a fuego medio bajo.
La mesada, si está fría, mejor. Enharinarla, enharinar el palo de amasar, estirar la masa.
Secreto: hay que apoyar el bollo y estirar sólo para un lado. No hay que hacer el movimiento de ida y vuelta, porque la masa queda mal, se pegotea, se enrolla en el palo de amasar, un desastre.
El espesor puede variar pero el ideal es de medio centímetro (a ojo, por supuesto).
Se enharina el cortante, si se las quiere con alguna forma en especial, sino, en cuadrados o rombos con un cuchillo afilado.
Se los pone en una bandeja, se sube un poquito la temperatura del horno (medio alto, nunca al máximo) y adentro. No hace falta enharinar ni enmantecar la bandeja, las galletitas tienen suficiente manteca como para no pegarse.
Se hacen bastante rápido, se van a dar cuenta porque de repente, el horno tiene como un imán, sale un olorcito fabuloso y es imposible alejarse.
Saber si están en su punto justo es simple. Se abre el horno, se agarra la bandeja (cuidado con no quemarse), y se sacude, si las galletitas se despegan y se mueven, ya están.

Dejarlas unos minutos en la bandeja, y después sacarlas, ponerlas en una rejilla para que se enfríen (yo uso un trapo, lo importante es sacarlas de la bandeja caliente para que no se resequen). 
Una vez frías, se las puede decorar con chocolate, o glasé real. Esto lo van a lograr una vez que hagan 3 o 4 veces galletitas y en la casa no estén como bestias depredadoras esperando a que salgan del horno (y en esto hay que incluirse).
Otra opción, es darle una forma distinta, conseguirse esos pirotines para madalenas, yo uso los más chiquitos, se estira la masa y se corta como si fueran ñoquis, y se pone un pedacito en cada pirotín. Horno y listo. No funciona con porciones muy grandes de masa, pero si son chiquitos, no hay problema. Sólo hay que tener cuidado de no sobrecargar el pirotín,  porque se rebalsa.
Una vez fríos, se pueden pintar con un poquito de dulce de leche y pasar por granas. A los chicos les divierte mucho.

Y eso es todo. Disfrutarlas.

Más adelante voy a subir otras recetas de galletitas, pero primero es bueno que le tomen el gusto a hacerlas... y comerlas!

Nadia.

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lunes, 17 de junio de 2013

¿En qué gastamos tanto? III

Los monstruos come-dinero Parte III


Hay algunos monstruos más, y el primero de esta última parte, viene disfrazado con la misma alegría y colorido que los anteriores. También con el mismo vacío: La comida chatarra.

Lo separé de los anteriores, porque un snack es más para "picar" que para comer. La comida chatarra se disfraza de comida, nos tienta, nos dice que está bien... y uno hace caso omiso a la cantidad de tocino (esto es grasa) que tienen, o que tenga estabilizantes, conservantes, y otros, y la letra chiquitita con la que se escriben los ingredientes no debería darnos mucha confianza. Es fácil darle a los chicos, que siempre tienen mil vueltas para comer, a todos les gustan (hasta que se agarran una terrible intoxicación, como me pasó una vez, y nunca más).
Y eso cuando uno compra para hacerlas en casa... ¿y cuando ya lo compra hecho?

Esta entrada, la iba a publicar hace rato, pero me pasó que empecé a investigar. Nunca me interesó mucho el tema, dado que al no consumir, poco problema me hice, pero esto fue una buena excusa para aprender.
A veces, es mucho mejor vivir en la ignorancia, y como el tema da para largo y es controversial, voy a ir desglosando las distintas comidas chatarra, de otro modo esta entrada va a ser interminable!

Salchichas
Bocaditos de pollo

Si se les ocurre alguna otra comida chatarra que debería estar en la lista, por favor, avisenme y la agregamos, armo el link y busco la información.


Nadia.

domingo, 16 de junio de 2013

Ahorrando en productos de limpieza

Hace un tiempo atrás, en una casa de productos de limpieza, una mujer me hace el comentario que el líquido limpia pisos era un terrible gasto, que por eso iba a comprarlo suelto.
A mí me llamó la atención semejante afirmación, y le pregunté si eran muchos en la casa o si era una casa muy grande. Me dijo que no, eran ella y su marido, una casa chica.
Le pregunté cuánto líquido usaba por mes y me dijo "como una botella por semana" (Eso es casi un litro!!). 

Después de esto, me quedé pensando, yo uso una botella cada dos meses, y la casa se limpia regularmente.
Empecé a prestar atención a las propagandas. 
Y encontré el problema.

En la propaganda, la persona que limpia, echa media botella en un balde y pasa el trapo. Cuando no son esas botellas interminables, y cae el líquido colorido al balde.
Y la propaganda se abusa de nosotros otra vez.
Las instrucciones, que vienen en la misma botella y cualquiera puede comprobarlo, dicen que hay que usar una o dos tapitas de líquido limpiador (según la marca) por litro de agua. 
En caso de suciedad difícil, aplicar puro en un trapo y pasar por donde queremos.

Poniendo sólo dos tapitas por litro de agua nos sirve para limpiar y desinfectar, no se necesita más que eso.

Y yo, para ahorrar todavía más, porque no sólo es el gasto, sino que son químicos y a nadie le hace bien (sobre todo porque lo que no usamos termina en las cloacas, o en los pozos ciegos, y con el tiempo en las napas de agua), preparo sólo un litro de agua en un balde, que lo uso para remojar el trapo de piso. Lo enjuago en la canilla para sacarle el sucio, y lo remojo nuevamente en el líquido preparado; de esta manera, no se ensucia el agua con el líquido y ese litro sirve para toda la casa.


Para una opción más económica todavía, y mucho más amigable con el medio ambiente, se puede preparar un litro de agua, con una taza con vinagre de alcohol y una o dos gotitas de detergente. Limpia y desinfecta igual.

Nadia.

jueves, 13 de junio de 2013

En busca del precio perdido

Hoy fui al supermercado.
Compré un líquido para pisos, que tenía un precio, y en casa, me di cuenta, que no era así, estaba más caro.

Al supermercado que fui, en general, no suelen tener mal etiquetados los precios. Pero, ¿quién no se pasó un buen rato intentando encontrar el precio perdido? ¿Quién no se dio por vencido y lo metió en el carrito igual, con intención de preguntar en la línea de cajas, y olvidarse después... y pagarlo sin saber?
En el mercado del barrio, algo que no tiene el precio pegado (al menos, en el mercado de mi barrio, todavía le ponen precio a cada cosa, con la esa pistola de etiquetitas), o en el supermercado, donde en sus hermosas y prolijas líneas de productos, el precio quizás aparece en otro estante, o al final de la góndola.

O está el precio por un envase que no es el que tenemos en la mano, a veces uno quiere comparar, y está el precio del envase chico pero no del envase grande.
O algunas ofertas, que el cartel está corrido, y uno compra lo que no era.  
 
Para verificar que el precio que vimos es el correcto, tenemos que mirar los números del código de barras del producto y los impresos en la etiqueta de la góndola. Si es el mismo código, ese es el precio.

En Argentina se puede hacer la denuncia en defensa al consumidor, lo que se hace es llamar (o lo que corresponda) y avisar que determinado lugar no cumple con la obligación de tener los precios a la vista, o que los precios están desactualizados, o puestos de manera confusa.
Algo que también es ley, es que además del precio, debe figurar el precio por unidad, o por kilo o por metro, según el producto que corresponda. Lamentablemente, los supermercados han encontrado la manera de confundirnos: Hablando del mismo producto, por ejemplo, el papel higiénico, que no sólo hay muchas marcas, sino que hay cientos de presentaciones distintas, un producto dice el precio por unidad, el otro por metro, el otro cada 100 metros... que para el caso es lo mismo que nada. Esta normativa se aplicó para que podamos comparar de manera sencilla, pero a veces es casi imposible.
Hay que armarse de paciencia, llevar una calculadora o el teléfono, y empezar a revisar los precios por unidad o por metro, para comparar números reales.
Las primeras veces es largo. Pero con el tiempo, uno se agiliza, aprende a ver qué etiquetas del precio están bien (todas parejas por unidad o lo que corresponda) y con cuales tiene que hacer las cuentas.
Con el mismo papel higiénico, una vez me pasó que igual cantidad de metros, igual calidad, misma marca, pero en distinta presentación, el que traía más rollos era más caro, era más barato llevar dos paquetes de la presentación chica.
A veces, por la costumbre, uno no repara en estas cosas, pero al empezar a contar unos pesos de cada lado, termina haciendo una diferencia.

(Acá está el enlace para saber derechos del consumidor, es una guía muy linda y útil, altamente recomendable)


¿Se animan a buscar el precio perdido? 

Nadia.